Omar Hernández, la Ópera a las puertas de Donceles

La voz de Omar Hernández, artista urbano, recorre desde Giuseppe Verdi hasta Ernesto De Curtis.

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Omar Hernández

El marco de las puertas de estilo churrigueresco del convento franciscano ubicado en Donceles, vestigio del siglo XVI, para Omar Hernández es más que eso: es un escenario.

Ahí, en medio de la relativa calma de esa vieja calle del Centro Histórico, su voz convierte la piedra virreinal en una caja de resonancia.

No hay telón ni reflectores, solo el tránsito de peatones que se detienen unos instantes para escuchar ópera, canciones napolitanas o boleros mexicanos.

Antes que nada hago arte urbano, hago difusión cultural. Hay que dar a conocer a la gente lo que es la ópera, la música de estudio, la música antigua. Estudié en Bellas Artes un periodo de música antigua”, explica.

Su voz ha sonado en filarmónicas y en el Teatro Ángela Peralta, pero desde hace más de una década encontró su escenario en la calle.

No es algo menor: requiere disciplina, resistencia y una capacidad de adaptación que pocos conservan.

De la ópera me gusta todo: la personificación, cómo los cantantes se adentran en los personajes y hacen que el canto vaya más allá. Es un momento en el que estás fuera de todo. Psicológicamente le llaman ‘flow’, cuando te sumerges tanto que olvidas todo, y en la ópera es genial llegar a ese estado”, relató con entusiasmo.

La voz de este artista urbano recorre desde Giuseppe Verdi hasta Ernesto De Curtis.

Verdi es fundamental, pero De Curtis me encanta. Su música es napolitana, romántica. Eso me apasiona incluso más que la ópera. Hay dos canciones que me identifican: ‘Ti voglio tanto bene’ y ‘Torna a Surriento’”, relata.

A México no lo deja fuera, incluye en su repertorio piezas que conectan con la memoria popular: ‘Muñequita linda’, ‘Sol de oro’.

Son canciones que cualquiera puede tararear y la gente las pide. El repertorio aquí debe ser flexible: lo popular junto a lo lírico”, cuenta.

También se acerca a lo que voces como la de Andrea Bocelli han popularizado: piezas italianas que, sin ser estrictamente ópera, conquistan al público que pasa por Donceles y se detiene a escucharlo y aplaudirle.

La elección del lugar no es casual, cuenta con la resonancia ideal.

He cantado en distintos lugares del Centro, pero aquí la resonancia es perfecta. No me desgasto tanto: escucho mi voz de regreso y eso me permite sostener el canto. Además, esta calle es tranquila, no está tan llena como Madero, y se puede trabajar sin tanto problema ni desgaste de voz”, explica.

Cantar en la vía pública tiene sus propias reglas, precisa, pero no es un problema.

Aquí no pago nada, no está permitido como tal, pero como es arte no hacen tanto problema. A veces los de Ordenamiento urbano te dicen: ‘muévete un poquito’. Lo peor que puedes hacer es pelearte con la gente y menos con las autoridades”, señaló.

Con nostalgia lamenta que en esto de la música no siempre tuvo el respaldo de su familia.

No me apoyaban. Como muchos que se dedican al arte, escuchaba que me iba a morir de hambre. En Latinoamérica estudiar arte es barato, denigrante. La gente te ve hacia abajo, pero cuando requieren tus servicios te ven hacia arriba. Es difícil. Después, cuando ven que sí puedes vivir de esto, cambian la perspectiva”, mencionó.

Este artista de la difusión cultural encontró en la música un refugio personal, una razón para caminar al futuro.

Soy separado desde hace once años, tengo hijos. Tras la separación regresé a la música y ésta fue mi alivio para poder salir adelante”, afirmó.

Su carrera comenzó temprano

A los 14 años ya estudiaba música y a los 18 comenzó a cantar de manera formal.

Entre sus mentores recuerda a Francisco Grijalva, director de la Filarmónica de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, entre otros profesores de música antigua.

También participé en un ensamble. Varios nombres se me van ahora, pero fueron clave en mi formación”, agregó.

Su dedicación al canto en la calle lo obliga a trabajar prácticamente a diario para que sea redituable, el descanso es poco, pero hace lo que ama.

Primero canto lo que me gusta, pero también lo que la gente espera. Algunas piezas no me agradan, pero debo incluirlas porque son remunerables”, señaló.

El canto también ha sido arma de seducción

Sí he conquistado cantando, pero no me gusta hacerlo. En el escenario uno se transforma, se desinhibe, puede coquetear, seducir… pero al terminar vuelves a ser otra persona. Yo soy muy diferente fuera del canto”, comentó.

Su historia también está hecha de serenatas y uno que otro palomazo. “Sí, hace muchos años. Y han resultado bastante buenos (los palomazos)”.

Cuenta Hernández que su referente mexicano es claro: el tenor Rolando Villazón.

Para mí es lo mejor de México”, afirma con seguridad. Aunque no lo ha visto en Bellas Artes, y actualmente radica en Francia, lo considera un modelo de disciplina y talento.

Pero él sigue firme y contento en Donceles. Ahí canta, prueba repertorios, mide resonancias y se reinventa cada día frente a las puertas de un convento del siglo XVI, satisfecho con quienes reconocen su voz.

Aquí canto, aquí escucho mi voz de regreso, aquí me reinvento todos los días”, finalizó.

JCS