Llevan a escena distopía familiar; estreno mundial

Hugo Arrevillaga montará la obra Soledad, de la escritora cubana Elaine Vilar, que profundiza en el tema del duelo y los vínculos que jamás logran repararse

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Soledad

El director escénico Hugo Arrevillaga realizará el estreno mundial de la obra Soledad, de la multipremiada escritora cubana Elaine Vilar Madruga, una de las voces latinoamericanas más destacadas de nuestro tiempo, quien aborda el tema del duelo y cómo algunos vínculos rotos jamás logran repararse.

La pieza será estrenada el 19 de noviembre en el Foro Bellescene, a las 20:00 horas, tendrá funciones todos los miércoles hasta el 17 de diciembre, y es definida como “una obra llena de claustrofobia y asfixia”.

El relato cuenta la historia de Miriam, una joven que regresa a casa de su madre para acompañarla en el duelo y reencontrarse con el recuerdo de su gemela muerta, en un relato  que habla sobre ser madre y ser hija, ser mujer y ser poeta, ser anónima, hermana, el peso de sobrevivir y la pérdida del ser.

La primera en hablar con Excélsior es la poeta, narradora y dramaturga Elaine Vilar Madruga, autora de una treintena de libros en editoriales de Estados Unidos, Canadá, Cuba, España, Chile e Italia,  y galardonada con el Premio Cálamo a Mejor Libro del año (2021) y el Premio 42 a la Mejor Obra original en Castellano (2024).

Soledad es una obra con un espacio prácticamente único dentro de una casa, donde una madre y una hija en duelo se reúnen y tienen el común denominador de que son dos extrañas (madre e hija), quienes tienen una relación ríspida y un afecto en común: la hermana gemela muerta, quien nunca aparece en escena, pero es el gran fantasma de la obra”.

Vilar acepta que tanto sus novelas como sus obras de teatro son grandes distopías familiares.

“Para mí, la familia es el núcleo de toda la acción, no sólo la dramática, sino también a nivel de historia, que es lo más importante. Y ver o asistir a la desintegración de una familia siempre, para mí, es no sólo un acto distópico, sino de contemplación dolorosa que puede acercar muchísimo a lectores, lectoras y espectadoras a la sensibilidad propia de una obra literaria o a una puesta en escena”.

¿El tema de la descomposición familiar es recurrente en su obra? “A mí me interesa mucho, porque creo que la familia es el gran tema hispanoamericano, es algo que nos nuclea no sólo en torno a una mesa, donde podamos sentir o sentarnos a sacar las historias de nuestras ancestras y ancestros, a desengrapar un poco los secretos familiares, sino que también es como el gran tema de debate contemporáneo de qué le debemos a nuestra familia, qué hemos heredado de ellos, más allá de nuestros rasgos genéticos o nuestras semejanzas genéticas, qué daños o traumas antropológicos nos acompañan y que tienen su origen dentro de la familia.

“Como soy una autora que escribe desde diferentes lenguajes, de la dramaturgia a la poesía, para mí la literatura es siempre mestiza y mixta, es decir, yo escribo textos teatrales pensándolos muchas veces en formato novela y con las novelas me pasa de forma semejante, pero a la inversa. Así que esas encrucijadas o cruces de caminos entre lenguajes son una forma que define la manera en que entiendo el mundo y que me gusta tratar de enseñar a los espectadores y a los lectores”, explica.

¿Su escritura busca mostrar una fracción de realidad? “Siempre digo esta metáfora y que, creo, es bastante precisa: cuando se escribe, uno enseña la cerradura de la puerta donde el ojo de alguien puede asomarse y atisbar la realidad que está del otro lado; a veces es sólo un flash, un minuto de la vida de esas personas y, otras ocasiones, ves una vida entera. Es un poco el acto voyerista de la creación, de podernos asomar a la cerradura del otro y atisbar sus vidas, sus casas, sus causas, sus miedos y sus profundas alegrías”.

¿Qué representa para usted el montaje de su obra en México? “Un estreno mundial siempre es motivo de felicidad y de alegría, porque una cosa es que tú escribas un texto en una planimetría literaria, sin piel ni hueso ni gente que encarne a tus personajes y otra es la transmutación del texto que atraviesa la piel, la carne, la energía, el corazón, las experiencias vitales, las edades y hasta los momentos de la vida de actrices y actores en escena”.

“Y además he tenido la tremendísima suerte de que sea Hugo, el que lo lleve a escena, con un elenco fabuloso de dos actrices y un actor, que van a darle su piel, su carne, su calor y su claustrofobia a esta casa en duelo de la cual te hablaba”, expone.

UN RELATO FEROZ

Por último, Hugo Arrevillaga detalla que conoció el trabajo de Vilar por recomendación de la escritora María Fernanda Ampuero.

Soledad fue un golpe muy certero a mi conciencia cuando la terminé de leer, porque es un texto tan feroz.

“Además, me enamoré de los personajes —encarnados por Georgina Tábora (madre), Elena del Río (hija) y Antony de la Vega (vecino chismoso)— son una maquinaria de relojería que operan con precisión y sensibilidad”.

La pieza contará con el trabajo de Aurelio Palomino (escenografía) y Miguel Hernández y Pablo Betancourt (sonorización).