La importancia del lector en la industria editorial
El editor y empresario René Solís revalora el papel de las bibliotecas y las librerías como base; entrega en un libro sus memorias y experiencias

Un libro tiene que encontrar a su lector. Es lo principal. Si esto no sucede, todos los esfuerzos realizados para su edición, publicación, distribución, exhibición, promoción y venta habrán sido en vano”, afirma tajante el editor y empresario René Solís.
A sus 88 años y con cuatro décadas de trayectoria en la industria editorial iberoamericana, el egresado de la Universidad de las Américas considera que cada etapa del proceso del libro es un desafío. “Pero el mayor de todos es la lectura de esos contenidos en cualquier formato, y acercarlos lo más posible a los niños”.
En entrevista con Excélsior, en su casa de Coyoacán, el promotor explica que con la digitalización de los procesos productivos y la inteligencia artificial ahora hay más posibilidades de hacer llegar los libros a las personas.
El libro sigue siendo un medio para comunicar, informar, entretener y enseñar. Por más que lo quemen, lo prohíban o lo censuren siempre va a subsistir. Es un objeto preciado, tiene siglos de existir y un gran futuro”, dice convencido.
Tras entregar su vida al libro, a su lectura y a hacer de él un negocio exitoso, quien realizó una maestría en la Escuela de Administración de Empresas de Harvard comparte por primera vez sus memorias en Entre libros y editores (Tusquets), que se presentará mañana, a las 19:00 horas, en el Cine Lido del Centro Cultural Bella Época.
Lo digital ha transformado toda la cadena de producción del libro en el sentido positivo. Pero en la distribución ha sido impresionante. Hoy se puede conseguir un ejemplar de Argentina y localizar libros que se piensan agotados o ediciones antiguas, por poner algunos ejemplos”, agrega.
Ante “un mercado más grande y exigente en calidad y recursos”, quien dirigió el grupo Planeta en México, de 1996 a 2002, añade que “aún hay muchos públicos qué atender y un solo consorcio no puede con todos. Por eso han tenido éxito las editoriales independientes, por su especialización”.
Lo que más preocupa a don René son las escasas librerías. “Es ridículo que un país con la población y la extensión de México tenga sólo mil 500 puntos de venta, es insuficiente. Hay un estancamiento en el desarrollo de las librerías, que siguen sin establecer un nexo fuerte con su público local. Falta creatividad e imaginación”.
Pero son las bibliotecas, concluye, las que más deben cambiar para reforzar el hábito de la lectura que no logra adquirir la mayoría de los mexicanos. “Hay 600 millones de hispanohablantes, y 135 millones viven en México. Deberíamos tener mejores bibliotecas. La red nacional está totalmente desperdiciada y posee un presupuesto ridículo”.
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