Gastón García Marinozzi revalora la vigencia de ‘Yo vengo a ofrecer mi corazón’
Existe 'una rica y exclusiva estirpe de canciones que se han convertido en himnos', afirma el escritor argentino, a ese grupo pertenece el tema, compuesto por Fito Páez en 1985

CIUDAD DE MÉXICO.
Existe “una rica y exclusiva estirpe de canciones que se han convertido en himnos”, afirma el escritor argentino Gastón García Marinozzi, a ese grupo pertenece Yo vengo a ofrecer mi corazón, compuesta por Fito Páez en 1985, cuando tenía 22 años.
No ha habido en los últimos 30 años otra canción con esta fuerza, con esta vigencia. Para mí, es la última gran canción latinoamericana”, comenta en entrevista quien entrega la biografía de esta balada en el libro ¿Quién dijo que todo está perdido? (Turner), que publica después de tres años de confección.
Es una canción que me interesaba porque podía contar una historia más allá de la letra y de la música. Fue muy significativa en la Argentina de los años 80, pues nació en un momento de recuperación de la democracia, del regreso a ella”, explica.
Fueron dos o tres años nada más, antes de que llegaran las crisis económicas y los levantamientos militares; lo que fue el gobierno de Raúl Alfonsín. Un periodo muy importante para mi generación, porque parecía que todo era posible. Fue una exageración, pero valió la pena creer durante un rato”, agrega.
El novelista y ensayista afincado en México detalla que la pieza formó parte de Giros, el segundo disco solista de Páez. “A los pocos meses, la grabó Mercedes Sosa en el disco Vengo a ofrecer mi corazón; y ella la convirtió en un himno. La llevó a todo el mundo. Su voz era la voz de la patria humanista y democrática de ese momento”, añade.
El cronista documenta la geografía de Yo vengo a ofrecer mi corazón, a qué países llegó, quién la ha interpretado a qué idiomas se ha traducido y la vigencia que posee.
Pasaron más de tres décadas y se sigue interpretando, como ninguna otra rola del cancionero de la época. Eugenia León, primera en cantarla fuera de Argentina, la hizo popular en México y la convirtió en un símbolo de esperanza, de comunión.
Hacia 1988 llegó a Cuba; a España entró en los años 90 de la mano de Ana Belén, como canción de amor; y la interpretación más reciente es la que hizo a capella la peruana Susana Baca, que la compartió en redes en plena pandemia”, señala.
La entonaron en los juicios contra los militares en Chile, en Nicaragua contra el presidente Daniel Ortega, en México por los desaparecidos de Ayotzinapa, en Colombia por la paz.
Invito a reflexionar por qué las sociedades en determinado momento, así como una bandera, necesitan una canción que las represente, que las movilice. Su capacidad de contener un mundo en tres minutos la hace única”, concluye.
DISFRUTAN A EDGAR DEGAS
Un par de visitantes al Museo Kunsthaus Zürich, en Suiza, admiran la obra Ludovic Lepic et ses filles (Ludovic Lepic y sus hijas) del pintor impresionista y escultor francés Edgar Degas, obra que el artista terminó en 1871.
La pintura pertenece a la colección Sammlung Emil Buehrle y se exhibe en el edificio Chipperfield donde se ubica el museo.

-De la Redacción
Foto: Reuters
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