Graciela Iturbide encabeza muestra que explora territorios femeninos desde la fotografía
La exposición "Territorios de luz: Cartografías femeninas" reúne a ocho creadoras de México y Bolivia en un diálogo visual sobre identidad, migración y memoria, con imágenes que exploran distintas formas de habitar el mundo desde la experiencia de las mujeres.

Cholas (Los mariachis), White Fence, Rosario, Cristina y Liza, Cholos Harpys y Rosario y su bebé son las cinco fotografías, tomadas en el Este de Los Ángeles, California (Estados Unidos), en 1986, que la artista de la lente mexicana Graciela Iturbide (1942) exhibirá en Territorios de luz: Cartografías femeninas.
Estas gráficas de la Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, que muestran la convivencia de esas tribus urbanas hace 40 años, forman parte de la propuesta de ocho fotógrafas, cuatro de México y cuatro de Bolivia, que presentan un total de 40 piezas, cinco cada una, en la Galería Claroscuro, ubicada en la colonia Florida, del 9 al 24 de abril.
Bajo la curaduría de María Fernández Mota, esta colectiva invita a reflexionar sobre temas como el cuerpo, la pertenencia, la migración, la herencia cultural, el paisaje y el territorio, desde una mirada femenina crítica, explica a Excélsior en entrevista Jeannette Arévalo Angus, fundadora de la galería y artista expositora.
“Graciela es la maestra, es nuestra madre nodriza. Es alguien a quien admiro desde hace tiempo. Nunca creí poder conocerla en persona, platicar con ella, visitar su casa; realmente su visión me abrió el panorama, su trabajo, ver su archivo. Es una dulcería para fotógrafos. Sus fotos se exhiben en un salón especial, en la planta baja”, detalla.
“La muestra propone un recorrido sensible por distintas geografías íntimas y simbólicas, donde la luz no sólo revela, sino también interpreta y resignifica los espacios habitados por las mujeres. A través de lenguajes fotográficos diversos, las artistas trazan mapas personales que exploran las múltiples formas de habitar el mundo. Pero, al final, entablan un diálogo”, señala.

La también gestora cultural detalla que las gráficas son el resultado de diversas técnicas de la fotografía análoga, la Polaroid y la digital y, en ocasiones, la combinación de todas; pero que cada artista mantiene su esencia.
“México y Bolivia somos países hermanos latinos, de cierta manera tenemos tantas similitudes, por el tema de las trenzas, de las mujeres indígenas, de la cosmovisión andina y todo lo simbólico.
“Pero también tenemos nuestra propia cultura; aunque todas seamos mujeres, nos diferenciamos; pero al mismo tiempo nos unimos y vamos sumando, aportamos lo que traemos en nuestra maleta como seres humanos”, indica.
Arévalo Angus aclara que “queremos activar no una visión femenina por el 8 de marzo, sino mostrar miradas de varias generaciones, que tengamos un diálogo en común, ser el puente entre México y Bolivia y viceversa”.
Describe que algunas de las fotógrafas echan luz sobre los equipos de futbol femenil, las barras y las porras; otras sobre el paisaje rural, las mujeres indígenas, y unas más sobre personajes carnavalescos o la menopausia.
“La exposición propone, así, un campo expandido donde la experiencia femenina no se define como categoría aislada, sino como una plataforma activa de pensamiento visual y producción crítica”, añade.
Además de Iturbide y Arévalo, exponen sus gráficas Paola Lambertin, Brenda Islas, Andrea Ibarra Chávez, Andrea Ibarra Gómez, Gabriela Olivera y Sara Wayra.
La galerista adelanta que, hacia la clausura, Iturbide integrará una gráfica que le tomó a una cholita boliviana en un viaje reciente que hizo al país andino.
“Esa foto es significativa, porque Graciela va a exponer en Bolivia en octubre próximo, en el Museo Nacional de Arte de Bolivia; ya le hicieron la invitación y ella aceptó. Es como un adelanto”.
Considera que, “en este entramado de miradas, la participación de Graciela Iturbide aporta una dimensión fundamental. Su obra, referente indiscutible de la fotografía latinoamericana, dialoga con las nuevas generaciones desde una poética profundamente arraigada en lo simbólico, lo ritual y lo cotidiano.
“Su presencia no sólo enriquece la colectiva, sino que establece un puente entre distintas temporalidades y formas de entender la imagen, ampliando el alcance conceptual de la exposición número 21 que organizamos”, indica la galerista que abrió este recinto en septiembre de 2024.