Gabriel Pacheco, trazos adheridos a las palabras

El ilustrador mexicano radicado en Italia trabaja, por primera vez, en dos libros con textos de su autoría, Io y Teo, que planea publicar el próximo año

CIUDAD DE MÉXICO.

Para Gabriel Pacheco, la ilustración “es un lenguaje que se adhiere muy bien a las palabras, a lo lingüístico, porque tiene profundidad y estratos de interpretación”. Por esta razón, luego de ilustrar desde hace 20 años decenas de libros de otros autores, ha decidido escribir y trazar sus propias historias.

Una imagen se puede entender, pero además interpretar y además puede reflejar o no a quien la mira. Los varios niveles de lectura de la imagen en los libros ilustrados son una oportunidad de escritura, de comunicación. La ilustración es una nueva forma pedagógica, didáctica y hasta filosófica”, afirma en entrevista con Excélsior.

El artista visual mexicano, que vive en Italia desde hace cuatro años, comenta que está por terminar dos libros de historias propias: Io y Teo, y espera que vean la luz el próximo año. “En cuanto a temas, voy más sobre la reflexión. Me interesan más tópicos como la filosofía, es decir, cómo tomar conciencia de uno mismo, y la poesía, su proceso creativo”.

Narra que Io (Yo), un título para primeros lectores, habla de qué es eso que llamamos conciencia. “Es divertido, porque se trata de un rinoceronte que escucha a un pequeño pájaro, como esos que a veces se posan sobre estos animales enormes. Parto de la idea de que la conciencia es una pequeña voz, que a veces escuchamos y a veces no. Parece una historia muy simple, pero trata de dar las primeras imágenes de qué es la conciencia”, señala.

Y Teo, agrega el creador de 46 años, es una propuesta para el público en general que recrea cómo es un poeta. “Son imágenes que he trabajado sobre la poesía, sobre cómo es el acto de crear este género. Me fascinan los temas que comprometen mucho y tratarlos de manera divertida, para que los lectores ejerciten la imaginación”.

Quien estudió Escenografía en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA adelanta que además trabaja en una reinterpretación, sólo en imágenes, del cuento de tradición oral Caperucita roja, recogida primero por Charles Perrault y posteriormente por los hermanos Grimm.

Por lo pronto, Pacheco está en México para promover tres libros ilustrados por él de reciente publicación: El gato con botas de Perrault y El Rey de Jerusalén de Verónica Murguía, ambos del Fondo de Cultura Económica, y Cuentos de otros tiempos, también de Perrault, de Nostra Ediciones.

Quien ha ilustrado obras de autores tanto contemporáneos como clásicos, explica que el reto es el mismo. “La memoria visual que tenemos de los clásicos es inevitable. Ésta es una de las complicaciones inmediatas para ilustrarlos. Son textos que tienen una estructura bien hecha y, sobre todo, hablan de otros tiempos. Es una parte que debes replantear para que funcione en nuestros días.

Me llaman la atención estos cuentos porque hablan de otras formas de pensar y relacionarse. Me tengo que documentar más y concentrarme en el dibujo para no repetir lo que ya se ha visto. Una buena investigación ayuda mucho, conocer archivos ha sido un recorrido personal privilegiado”, detalla.

Y, prosigue, en el trabajo con los escritores vivos es fundamental que haya una relación de respeto. “Lo prioritario es darle la confianza al texto, es lo que cuenta. Es un trabajo separado. Lo mejor es no hablar con el autor, por respeto al texto, éste es el personaje, tiene su naturaleza. Deben dar libertad de hacer otras interpretaciones. El ilustrador sabrá dialogar con el texto, no con el autor”.

EVOLUCIÓN Y ESTILO

Pacheco, cuya obra ha sido reconocida en certámenes como el Concurso Internacional de Ilustración Città di Chioggia y el Nuevos Horizontes de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Bologna, admite que vivir en Italia ha enriquecido su técnica y estilo.

He tenido la fortuna de trabajar con textos de grandes escritores, como Víctor Hugo, Kipling, Melville, Octavio Paz y Julio Cortázar, entre muchos. Ha sido, por un lado, aprender a leer y a valorar la belleza y la poética de las palabras. Éstas te definen la personalidad de los personajes, si es divertido o irónico, simpático, tierno o enojón”, añade.

El artista destaca que le gusta relacionarse directamente con el objeto. “Busco que los espacios sean limpios, porque confío más en la atmósfera. Me concentro en que un color dé la sensación de una atmósfera. Lo fascinante es cómo al transformar el objeto, se transforma al personaje. Trabajo a ambos de manera paralela. Veo también los colores del fondo, la textura, qué funciona y qué no”, agrega.

Quien imparte clases de ilustración en la Scuola Internazionale d’Illustrazione S. Zavřel dice que los últimos años se ha dedicado a explorar, a meter estéticamente otros elementos a sus cuadros.

Por ejemplo, yo utilizo referencias de dibujo científico o botánico; juego con la vegetación para que parezca que las figuras son de otras épocas, con los grabados, texturas y registros. Todo le da otro ritmo. Y luego ya vienen los juegos del vestuario, el collage, del acrílico. Tratar de visualizar otros mundos es una oportunidad de aprender”, indica.

Pacheco piensa que su paleta de colores y luces también ha cambiado. “Antes era más densa, ahora es más transparente y ligera. Además, procuro que mis figuras tengan siempre un aspecto pictórico”.

Estos nuevos aprendizajes podrán observarse en los dos libros que prepara, por primera vez, con textos de su autoría.

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