Alfonso Suárez del Real, un gran conciliador
El también periodista que dirigirá la Secretaría de Cultura local en la próxima jefatura de Gobierno es identificado como un hombre que logra acuerdos

CIUDAD DE MÉXICO.
Cuando en junio pasado el candidato priista a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Mikel Arriola, acusó a Alfonso Suárez del Real de operar una red de trata de personas, una voz de rechazo se levantó de manera unánime. Como pocos políticos en México, Suárez del Real (CDMX, 1953) es capaz de conjuntar bandos opuestos.
Identificado con los movimientos populares de izquierda, al político se le reconoce por sus peleas en la defensa del patrimonio cultural, pero también por su capacidad conciliadora. Con él, dicen quienes le conocen, era con el único que los perredistas más duros se sentaban a dialogar en plena crisis del partido.
A él toca ahora encabezar la Secretaría de Cultura capitalina durante la jefatura de Claudia Sheinbaum y quizás es el funcionario con el mayor concilio en todo el gobierno local. “Como secretario de Cultura de la ciudad no puede haber nadie mejor”, dice, en una muestra de la afinidad que despierta, la periodista y exdiputada por el PRI, Beatriz Pagés Llergo, quien, hace ya casi una década, invitó al político a escribir en su revista Siempre!
Disciplinado para el trabajo, conocedor de la literatura mexicana de la Revolución, un flaneur que conoce al dedillo las colonias Condesa y Roma, esta última en la que ha vivido toda su vida, Suárez del Real llegará a la oficina de Avenida de la Paz 26 después de que Paco Ignacio Taibo II se quedó en el camino. Pero la influencia del escritor está lejos de quedar fuera: antes de definirse el cargo, Suárez del Real era un asiduo a las reuniones que se organizan en la casa de PIT.
Ahí nació el proyecto cultural que se pondrá en marcha en la capital; a esas reuniones acudían, además, Benjamín González, Argel Gómez, Pedro Salmerón y por supuesto Paloma Sáiz. “Conozco a José Alfonso Suárez del Real desde hace muchos años. Juntos caminamos las calles de La Roma-Hipódromo-Condesa, casa a casa. Puerta a puerta, verificando la existencia o no de ciudadanos patito que existían en el censo electoral de 1994”, cuenta el mismo Taibo en el prólogo que escribió para el libro del político editado en la colección de su Brigada para Leer en Libertad.
En aquel entonces los dos todavía pertenecían al PRD y tenían ya a cuestas una lista de resistencias populares. Suárez del Real se había vinculado desde joven a las luchas por la igualdad de género y en defensa de los derechos de la comunidad lésbico-gay, a la que pertenece: él mismo ha contado que bailó El Noa Noa de Juan Gabriel en el mismo bar de Ciudad Juárez.
En los años que caminaba con Taibo, Suárez del Real participó en la formación de los movimientos Pro Dignificación de las colonias Roma y Condesa, que le catapultaron de lleno hacia la política. Procedente de una familia católica y acomodada, Suárez del Real había pasado una larga temporada en las Islas Baleares donde se desempeñó, primero, como periodista para el Grupo Hora Nova de Palma de Mallorca y, después, como coordinador editorial en el Grupo Objetivo, de acuerdo con su propio currículo.
ACTIVISTA
Hay quien cuenta que José Alfonso Suárez del Real decidió dejar la apacible vida en el Mediterráneo cuando se percató del movimiento social que se estaba viviendo en el país en los primeros años de la década de los noventa. Con la ciudad de México ganada por el PRD en 1997, el periodista comenzó su carrera ascendente en la política y se incorporó al equipo del entonces delegado de Cuauhtémoc, Jorge Legorreta, como subdelegado de zona en Juárez-San Rafael.
El activismo vecinal lo vinculó a la política y desde entonces comenzó a ocupar posiciones, siempre de lado de los bejaranistas: del mismo Legorreta y después de Dolores Padierna, fue coordinador de asesores y más tarde Director General Jurídico y de Gobierno de la misma demarcación. De abril a octubre de 2003, Padierna le dejó su lugar como delegado y entonces tuvo oportunidad de destrabar uno de los conflictos culturales más sonados de la jefatura de Gobierno del DF en la era de Andrés Manuel López Obrador.
En 2002, cuando Marcelo Ebrard era secretario de Seguridad Pública, López Obrador se opuso a la realización del Tecnogeist y el Love Parade. Ante el rechazo, los organizadores decidieron llevarlo a cabo como un acto político de protesta que no requiriera permisos y sólo así lograron salvarlo. Para el siguiente año, Suárez del Real ya era delegado sustituto en la Cuauhtémoc y decidió apoyar abiertamente el Tecnogeist.
Fue completamente opuesto a la cerrazón, a la incomprensión, a la falta de diálogo, entendió muy bien la importancia del festival. Organizó un gran operativo porque acudían más de 150 mil personas y llegamos a tener 300 mil, montó un operativo muy eficiente. Ese tipo de compromiso jamás se vio nuevamente”, cuenta el productor del evento, Arturo Saucedo. El compromiso fue tal que incluso, cuenta, se encargó de investigar quién había sido el culpable de lanzar un cohetón, desde la azotea de un edificio del PRI, que le explotó a una señora con su bebé.
El interés cultural de Suárez del Real venía de tiempo atrás, Saucedo dice que su madre tuvo una agencia de publicidad en la que contrataba a escritores como Gabriel García Márquez o José Emilio Pacheco y que, además, él fue dueño de una agencia de turismo y los viajes fueron indispensables en su preparación. Combinado todo con sus estudios y el conocimiento del inglés, francés e italiano, así como el intercambio intelectual con amistades como Guillermo Tovar de Teresa o Carlos Monsiváis, acabaron por definir su perfil cultural.
Cargos en dependencias locales como el Metro, precedieron al que quizás sea su papel más notorio en el sector: el de integrante de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados en la LX Legislatura, desde donde impulsó, con ayuda de Saucedo, la adhe-
sión del derecho al acceso a la cultura en el artículo 4º de la Constitución, antecedente fundamental de la actual Secretaría de Cultura federal y de la Ley General de Cultura.
Las peleas de Suárez del Real siguieron desde el Congreso: una de ellas fue la lucha contra el espectáculo de luz y sonido Resplandor Teotihuacano, que dañó las ruinas arqueológicas; otra, la transparencia que exigió en la construcción de la Megabiblioteca Vasconcelos. “Es un servidor público con una gran consistencia, profundamente honesto, transparente, muy sólido en sus convicciones de izquierda, muy respetuoso, incluso, cosa extraña, en la izquierda mexicana. Es muy tolerante y muy dispuesto a trabajar en la diversidad partidista. En la Comisión, logró conciliarnos independientemente del partido político al cual pertenecíamos”, remata Beatriz Pagés.
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