Roald Dahl, el cuentacuentos
El viejo cuentacuentos británico cumpliría hoy 100 años y sus lectores de antes, de ahora y de siempre conmemoran la fecha

CIUDAD DE MÉXICO.
Nada es lo que parece… hasta que Roald Dahl lo hace posible. El viejo cuentacuentos británico cumpliría hoy 100 años y sus lectores de antes, de ahora y de siempre conmemoran la fecha. En la Gran Bretaña llevan todo el año celebrándolo, según su web www.roalddahl.com, desde donde se puede obtener el Roald Dahl Day 2016 party pack, un PDF para armar.

En México, desde finales del año pasado Alfaguara Clásicos lanzó varios títulos infantiles de Dahl “para rendir homenaje al autor con una colección que le diera una imagen fresca y atractiva a los lectores, rescatando los dibujos originales de Quentin Blake, ilustrador de cabecera de Roald Dahl”, apunta Diego Mejía, editor de Infantil y Juvenil de este sello.
También se buscó darle una imagen que no tuviera nada que ver con aquellas lecturas que nos dejan en la escuela y que se realizan más por obligación que por gusto. Qué mejor marco que el centenario de su natalicio para darle una imagen fresca y divertida a esas obras que han sobrevivido al paso del tiempo”, refiere.
Se diría que Roald Dahl es un autor auténticamente global.
Su obra se ha traducido a 59 idiomas, por lo que se estima que alrededor del mundo los ejemplares vendidos han rebasado los 200 millones. En nuestro país “las ediciones han tenido muy buena aceptación por parte del público y varios de los libros han tenido que reimprimirse. Calculamos que se han vendido más de cuarenta mil ejemplares”, comparte Mejía.
Autor por suerte
Inicialmente Roald Dahl escribió historias para sus hijos, relatos que han compartido generaciones enteras. Eligió permanentemente jugar al lado de los niños ante la autoridad de los adultos. “Puede ser simplista, pero así es. Los padres y los maestros son el enemigo de los niños”, señaló meses antes de morir al diario The Independent.
Sin embargo, se hizo escritor por una racha de suerte, en 1942, cuando conoció a C.S. Forester, quien le solicitó que le platicara alguna historia sobre su experiencia como aviador en la Segunda Guerra Mundial. Quedaron en almorzar, pero la charla resultó un desastre, así que Dahl le prometió que le escribiría unas cuartillas, con lo que Forester se ahorraría las notas y, al mismo tiempo, evitaría que su comida se enfriara. Dos semanas después, Dahl recibió una carta de Forester: “Querido RD: Se suponía que me daría notas y no una historia acabada.
Estoy desconcertado. Su narración es maravillosa. Es la obra de un escritor dotado” [...] Así, un maestro descubrió a otro, pero, ¿en qué consiste el encanto de Dahl?
“En que es un autor divertido, que nunca subestima la inteligencia de los lectores”, indica Mejía. “Su capacidad narrativa era tal que lo mismo dominaba la fantasía, el humor negro y los relatos de aventuras. Sus historias no aburren y, por el contrario, reflejan muchas de las problemáticas e intereses de los niños, y siempre se pone del lado de ellos, forjando lazos de complicidad. A diferencia de otros escritores, el estilo narrativo de Roald Dahl no envejece, pareciera que las obras se escribieron hace un año, y no hace medio siglo. Un libro de Roald Dahl te va a dejar muchas enseñanzas, pero sin caer en un discurso aleccionador y lleno de moralina, y también te hará reír mucho tiempo”, señala.
A la pantalla grande y a la chica
En 2005, Charlie y la fábrica de chocolate fue adaptada al cine por Tim Burton, con Johnny Depp en el papel principal.
Una primera versión, de 1971, fue protagonizada por el recientemente fallecido Gene Wilder. El buen amigo gigante, de Steven Spielberg, continúa hoy en día en cartelera, por lo que las historias de Dahl nunca han faltado en la pantalla grande. Ni en la chica. En su momento, Alfred Hitchcock llevó sus relatos a su popular programa de televisión.
A decir de Diego Mejía, esto ayuda, “porque acerca a nuevos lectores a estas obras. Muchos de los que leyeron a Roald Dahl en su niñez ya tienen hijos, y con estas nuevas versiones cinematográficas tienen el pretexto ideal para que se acerquen a la obra de Dahl”, quien asimismo escribió grandes piezas para el “público adulto” (lo que ello signifique). Mejía lo llama “público de infancia lejana; adulto puede tener muchos significados”. Para ellos, el editor menciona que tienen en el mercado sus dos autobiografías: Boy y Volando solo, y próximamente publicarán Relatos escalofriantes.