Dunas, corales y manglares... Así protegen al turismo de la crisis climática

En el Caribe mexicano, hoteles y científicos trabajan en restaurar dunas, corales y manglares para reducir riesgos por erosión, huracanes y pérdida de playas

Un vivero de corales
Un vivero de coralesIberostar

Una duna que retiene arena, un arrecife que amortigua el oleaje o un manglar que reduce el impacto de una tormenta… La primera defensa de un hotel o incluso de una población no siempre es el concreto, a veces es una franja de vegetación que como turistas pisamos sin darle importancia a la naturaleza.

Durante años, esos ecosistemas fueron vistos como parte del paisaje: el fondo de una postal, el atractivo que vendía la habitación con vista al mar. Pero en destinos como Quintana Roo, donde el turismo creció sobre una costa expuesta a erosión, huracanes, sargazo, pérdida de playa y calentamiento del mar, la naturaleza empezó a ocupar otro lugar en la conversación: ya no solo como escenario, sino como infraestructura.

La naturaleza como protección

En la Riviera Maya, las dunas costeras funcionan como una barrera natural frente a tormentas, vientos fuertes y avance del mar. La UNAM ha explicado que estos ecosistemas no son solo montículos de arena, sino estructuras que protegen la costa, amortiguan impactos del cambio climático y sostienen biodiversidad.

La idea parece simple, pero cambia la forma de pensar la costa: una playa sin duna puede ser más vulnerable; una duna sin vegetación puede perder estabilidad; un hotel construido demasiado cerca del mar puede alterar el movimiento natural de la arena.

Las dunas costeras son importantes para mitigar el cambio climático
Las dunas costeras son importantes para mitigar el cambio climáticoveglio martin

“Algunos hoteles tienen dunas costeras, entonces tienen que desarrollar alguna estrategia dependiendo del estado de salud de sus dunas, ya sea para preservarlas, si están en buen estado, y evitar impactos negativos hacia estas dunas, o si no están en tan buen estado, entonces poder gestionar algún proyecto que pueda permitir recuperar el estado de salud”, explica Lyn Santos, directora de Destination Stewardship en Iberostar Hotels.

De acuerdo con Lyn Santos, en Riviera Maya se ha impulsado una alianza interhotelera con hoteles de la zona, autoridades ambientales y turísticas de Quintana Roo, GIZ y Sustentur para trabajar en conservación de dunas y ecosistemas costeros. Como parte de esa iniciativa, se han realizado cursos de manejo y reproducción de plantas nativas de dunas costeras.

Desde 2023, Iberostar forma parte de un acuerdo de colaboración con el gobierno de Quintana Roo, GIZ y The Nature Conservancy para restaurar ecosistemas costeros; además, Iberostar y GIZ comisionaron a la UNAM un estudio sobre la salud de playas y dunas.

Playa recuperada gracias a la remoción de pasto exótico, recuperación de arena en el manejo de sargazo y reforestación con especies nativas
Playa recuperada gracias a la remoción de pasto exótico, recuperación de arena en el manejo de sargazo y reforestación con especies nativasADAPTUR

Gabriela Mendoza, investigadora del Instituto de Ecología del campus Yucatán de la UNAM, y que forma parte de este estudio sobre la salud de playas y dunas compartió en Gaceta UNAM que las dunas son parte de un entramado conectado con un ecosistema como arrecifes, pastos marinos, playas, manglares y lagunas. Este conjunto mantiene un equilibrio dinámico que permite la movilidad natural de la arena y la estabilidad de las playas.

“A muchos nos gustaría sentarnos en el sillón de nuestra sala y ver el mar desde la ventana. Sin embargo, la construcción indiscriminada de hoteles o viviendas sobre las dunas altera el flujo natural de arena que alimenta las playas. Cuando esto ocurre se rompe el equilibrio dinámico del sistema, lo cual provoca problemáticas diversas, como la erosión costera”, dijo la investigadora.

Lo que se pierde cuando se rompe la costa

El problema no ocurre de un día para otro. Primero desaparece vegetación, luego se modifica el movimiento de arena, después la playa se reduce y, cuando el daño avanza, suelen llegar soluciones más costosas: muros, rellenos artificiales o infraestructura dura.

En proyectos de adaptación climática en la Riviera Maya ya se ha documentado que restaurar dunas con vegetación nativa puede ayudar a contener la erosión costera. Un caso reportado por IKI Alliance y ADAPTUR describe el retiro de un muro de contención y la restitución de vegetación nativa como medida de adaptación basada en ecosistemas.

De acuerdo con Lyn Santos, se realizó un análisis para comparar costos y entender qué tan caro resulta conservar.

Las dunas son parte importante de la recuperación del ecosistema
Las dunas son parte importante de la recuperación del ecosistemaADAPTUR

“Sale más barato conservar y restaurar la duna costera con vegetación que esperar a que el daño sea mayor y haya que entrar con infraestructura o algo más”, compartió.

Esa idea también aparece en reportes de ADAPTUR sobre Riviera Maya: se realizó un análisis costo-beneficio social para comparar soluciones de adaptación climática basadas en infraestructura “gris” frente a soluciones “verdes”, es decir, basadas en ecosistemas.

Los corales que también defienden

La costa no termina en la arena. Frente a algunos hoteles, el arrecife también forma parte de esa red de protección. Los corales reducen la fuerza del oleaje, sostienen biodiversidad y forman parte del equilibrio que permite que una playa exista.

Laboratorio de corales
Laboratorio de coralesIberostar

Pero los arrecifes del Caribe han enfrentado eventos de blanqueamiento, enfermedades y presión humana. En el Complejo Paraíso, en Quintana Roo, Santos menciona la existencia de un laboratorio de coral y viveros donde se reproducen especies para después resembrarlas y ayudar a repoblar zonas afectadas.

“Hay viveros de corales donde se hace reproducción de especies justamente y resiembra para poder volver a repoblar los arrecifes de coral y poder compensar un poco el daño que los corales han tenido por los sobrecalentamientos, los eventos de blanqueamiento”, señala.

La lógica es parecida a la de las dunas: si el ecosistema se degrada, el destino también pierde capacidad de protección. La playa que atrae turistas depende de procesos que ocurren tierra adentro, sobre la arena y bajo el agua.

Un vivero de corales
Un vivero de coralesIberostar

Manglares, restaurar antes de perder

En otros destinos, el foco está en los manglares. Santos menciona el caso del Complejo Bávaro, en República Dominicana, donde se restauró una zona de humedal con manglar, con apoyo del ministerio local. Con el paso del tiempo, esos manglares crecieron y recuperaron funciones ecosistémicas.

Aunque el ejemplo no está en México, sirve para explicar una tendencia más amplia: el turismo costero comienza a depender de soluciones basadas en la naturaleza para adaptarse a un clima más extremo.

“Ese análisis específico por hotel lo que permite justamente es identificar qué es lo que puede dolerle a los hoteles en términos de los riesgos que puedan venir por el cambio climático”, explica Santos.

El turismo que depende del lugar que transforma

El dilema está en el centro de la actividad turística: los visitantes llegan por la playa, el arrecife, el agua, la arena y el paisaje; pero la operación hotelera también presiona esos mismos recursos.

Por eso, la conservación ya no puede verse solo como un gesto ambiental. Para los hoteles, cuidar dunas, corales y manglares también significa proteger el negocio, reducir riesgos y mantener vivo el destino que ofrecen.

La frase de Santos lo resume: los clientes buscan “hotel lindo, comida rica, una experiencia linda para su vida”, pero también llegan por lo que ofrece el lugar. “Si no cuidamos el destino, ¿cómo?”

En el Caribe mexicano, esa pregunta ya no es retórica. Frente a huracanes más intensos, playas erosionadas y arrecifes bajo estrés, la primera línea de defensa puede no estar hecha de concreto. Puede ser una duna con vegetación nativa, un manglar restaurado o un coral creciendo lentamente en un vivero.

bgpa