Melissa Robles, de Matisse, comparte el bloqueo que sufrió al momento de componer

Melissa Robles ha cambiado su relación con la música, la composición y su propia voz, entre temas que la obligaron a confrontar emociones incómodas y una nueva forma de entender los tiempos creativos. Mañana se presenta en el Auditorio Nacional con Matisse

Melissa Robles
Melissa RoblesCortesía

Durante años, Melissa Robles conoció la música principalmente desde la interpretación. Su voz se convirtió en una de las señas de identidad de Matisse, el trío que completa junto a Pablo Preciado y Román Torres, pero con el paso del tiempo descubrió que cantar y escribir canciones son ejercicios distintos. Uno ocurre frente al público; el otro, la obligó a mirar hacia adentro.

Después de más de una década de carrera, la cantante observa su trabajo desde una perspectiva diferente a la de sus primeros años, cuando la prioridad estaba en encontrar una voz dentro de la industria. Hoy la búsqueda parece estar más relacionada con entender qué quiere decir y desde dónde quiere hacerlo.

Cuando empecé el proyecto yo no escribía canciones. No tenía nada que ver con la creación de canciones. Y fue algo que disfruté muchísimo porque yo venía de hacer cóvers. Yo amo cantar. Siento que para mí primero siempre está la pasión por cantar. He descubierto una gran pasión por escribir canciones, pero disfruto muchísimo más interpretar”, cuenta Melissa en entrevista.

Pero cuando se aventura en la composición terminó convirtiéndose en una herramienta para descubrir aspectos de sí misma que no siempre eran evidentes. Lo que comenzó como una extensión natural de su trabajo como cantante acabó revelándole emociones que no sabía que seguían ahí.

Uno de esos momentos ocurrió durante la creación de Martes, de su penúltimo disco. Mientras trabajaba en la canción junto a Pablo Preciado y Josué Alaniz, comenzó a encontrar una resistencia que no lograba explicar.

Hubo un momento en el que yo estaba creando mucha resistencia y decía: ‘Ya es muy tarde, yo creo que ya hay que matarla. Esta canción no está dando’. Y Pablo me dijo: ‘Estás incómoda con la canción. Hay algo que te duele’. Y yo: ‘No, no, no, ni al caso. Claro que no. Obvio no. Yo soy súper abierta’”.

Conforme avanzó el proceso entendió que aquello que la incomodaba no estaba en la estructura de la canción, sino en la emoción que despertaba.

Después entendí que sí. La canción habla del dolor de crecer y de este deseo de despertarte y querer volver a ser niño. Y hay una parte en la que yo sentía que la letra confrontaba el hecho de que, en algún momento, nuestros papás ya no van a estar con nosotros. Y siento que ahí fue donde yo me bloqueé. Fue como: ‘Guau, no quiero explorar este sentimiento’. Entonces creo que sí, a veces la composición, la música, te confronta con sentimientos incómodos de visitar, pero también necesarios”, asegura Melissa.

La experiencia también confirmó algo que ha ido aprendiendo con los años: la creación no ocurre de la misma manera para todos. Mientras ella necesita preparar el terreno emocional antes de sentarse a escribir, sus compañeros trabajan a veces desde impulsos y métodos distintos. La convivencia de esas diferencias es parte de lo que mantiene vivo al grupo.

Yo sí soy muy del tipo de persona que mentalmente me tengo que programar para las cosas que tengo que hacer. Para la creación, para escribir canciones, sí soy muy de mood. Tengo que hacer un proceso de preparación. Como yo sé que ya para julio vamos a empezar a escribir, entonces durante junio voy a empezar a escuchar música, voy a empezar a imaginarme cómo lo veo y demás”.

Aunque el mercado actual privilegia los lanzamientos constantes y los sencillos individuales, Matisse continúa pensando la música en formato álbum. El Ayer, publicado en febrero pasado, nació precisamente de esa forma de entender la creación: un conjunto de canciones unidas por una misma conversación.

Sabemos muy bien que el mercado ha cambiado y se trata más de canciones individuales, pero la verdad es que, aunque estuvimos lanzando música suelta, en nuestra configuración, en nuestra planeación y en nuestro proceso creativo, todo siempre es parte de un disco. Siempre todo está agrupado”.

La idea detrás del álbum fue construir un puente entre las influencias con las que crecieron y la manera en que entienden la música actualmente. Más que reproducir el pasado, buscaron dialogar con él.

“Queríamos hacer un disco que tuviera esos tintes y esas influencias de la música que escuchábamos cuando éramos niños. Creo que siempre nos forma mucho la música que escuchan nuestros papás, nuestros tíos, nuestros primos. Todas esas influencias queríamos poder plasmarlas en un disco a nivel de instrumentos y de sonoridad”.

Melissa Robles
Melissa RoblesCortesía

La madurez también ha modificado el ritmo con el que trabajan. Durante años, la agrupación componía mientras giraba, grababa mientras preparaba nuevos lanzamientos y pensaba en el siguiente proyecto antes de terminar el anterior. Ahora buscan otra relación con el tiempo.

Por muchísimo tiempo estábamos creando a la par de hacer giras y escribiendo el siguiente disco mientras terminábamos el actual. Era todo muy exigente. Creo que sí fue importante hacerlo de esa manera porque es una industria que no para y una industria súper competida. Pero también hemos llegado a un punto de madurez en el que queremos crear desde otro lugar”.

Esa evolución también aparece cuando Melissa escucha las canciones de sus primeros años. Ya no sólo reconoce diferencias en la escritura o en la producción; encuentra a una persona distinta.

Escucho grabaciones del primer disco y pienso: ‘Wow, de verdad hasta mi voz ha evolucionado’. Incluso canto diferente. Tenía ciertas maneras de cantar o de colocar la voz que ahora ya son muy distintas”.

Lejos de verlo con nostalgia, lo interpreta como una señal de crecimiento. La posibilidad de experimentar, cambiar y explorar nuevas facetas es precisamente una de las cosas que más valora de su carrera.

“Me da mucho gusto pensar que no nos hemos quedado con las ganas de hacer absolutamente nada y que hemos podido exprimir por completo la oportunidad que tenemos de hacer música. Y eso me hace sentir súper orgullosa”.

Ese recorrido desembocará mañana en el Auditorio Nacional. Para Melissa Robles no se trata únicamente de presentar El Ayer, sino de mostrar el resultado de una etapa en la que aprendió a escribir, a cuestionarse y a escuchar con más atención aquello que las canciones todavía tienen por decirle.

El poder de la creatividad escrita

  • James W. Pennebaker (Universidad de Texas): sus estudios encontraron que escribir sobre experiencias emocionalmente difíciles ayuda a procesarlas mejor y se asocia con beneficios para la salud física y psicológica.
  • Lisa Feldman Barrett (Universidad Northeastern y Harvard Medical School): demostró que las personas capaces de identificar y nombrar con precisión sus emociones suelen regularlas mejor y presentan mayor bienestar psicológico.

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