¿México puede salir de Concacaf? Australia demuestra que no es imposible

El cambio de Australia de Oceanía a Asia demuestra que una selección sí puede abandonar su confederación; el enorme valor que tiene el Tri para los productos de Concacaf aparece como el principal obstáculo

México podría buscar un cambio de confederación como lo hizo Australia en 2005, aunque para concretarlo necesitaría superar una compleja negociación con Concacaf.
México podría buscar un cambio de confederación como lo hizo Australia en 2005, aunque para concretarlo necesitaría superar una compleja negociación con Concacaf.Redes sociales

México sí podría abandonar la Concacaf y buscar su incorporación a la Conmebol. No sería sencillo, no dependería únicamente de la voluntad de la Federación Mexicana de Futbol (FM) y actualmente parece poco probable que todas las partes involucradas aceptaran, pero calificarlo como algo imposible tampoco corresponde con los antecedentes del futbol internacional.

Australia ya recorrió ese camino.

La Federación Australiana de Futbol comunicó en febrero de 2005 su intención de abandonar la Confederación de Futbol de Oceanía (OFC) para incorporarse a la Confederación Asiática (AFC). FIFA analizó la petición, la AFC aprobó por unanimidad recibir a los australianos y, finalmente, la OFC también autorizó su salida.

FIFA terminó aprobando el movimiento, que entró en vigor en 2006. Australia dejó así la confederación a la que geográficamente pertenecía para competir en otra región.

Por eso, el caso australiano establece un precedente claro: cambiar de confederación sí es posible, siempre que exista un acuerdo entre las partes y FIFA termine avalando la operación.

Australia encontró una puerta que México también podría buscar

La salida australiana tampoco fue una decisión unilateral. Oceanía tuvo que aceptar perder a la selección que dominaba deportivamente la región y Asia tuvo que mostrar interés en incorporarla.

La propia OFC justificó públicamente su decisión bajo el argumento de que la salida ayudaría al desarrollo de Australia, pero también abriría nuevas oportunidades para los miembros que permanecieran en Oceanía. Incluso, ambas partes acordaron mantener programas de cooperación después de la separación.

México necesitaría construir un proceso semejante. Una eventual mudanza a la Conmebol requeriría mucho más que una decisión de la FMF: tendría que existir interés sudamericano, que seguramente existe; la intervención de FIFA, que tampoco luce como un obstáculo insalvable; y, sobre todo, la aprobación de la Concacaf. Es justamente ahí donde, por ahora, parece estar cerrada la puerta.

México vale también dentro del mercado de Estados Unidos

La principal diferencia entre el México actual y la Australia de 2005 está en lo que cada selección representa para los productos comerciales de su propia confederación.

México tiene una característica especialmente valiosa para Concacaf: también es un producto de enorme interés dentro de Estados Unidos, el mercado televisivo más importante de la región.

Y ahí aparece buena parte del problema.

La Copa Oro y la Nations League perderían a una de sus principales selecciones y con ella una parte importante de su atractivo para la audiencia hispana en Estados Unidos. La propia Concacaf renovó en 2026 su acuerdo con TelevisaUnivision para mantener hasta 2029 los derechos en español en territorio estadounidense de ambas competencias.

Un torneo de Concacaf con México tiene un valor distinto en ese mercado que uno sin México. No existen cifras públicas que permitan establecer qué porcentaje de esos contratos corresponde específicamente al interés que genera el Tri, pero resulta difícil separar el valor de esos derechos en español de la presencia de la selección con mayor vínculo con el público mexicano que vive en Estados Unidos.

Lo mismo ocurriría con las Finales de la Nations League, conocidas como Final Four, y especialmente con la Copa Oro, principal torneo de selecciones de la confederación. Además  la participación de los clubes mexicana en la Concacaf Champions League.

Concacaf no perdería solamente a México como participante. Perdería a México dentro de los productos que comercializa en Estados Unidos.

Y existe todavía otro elemento: las eliminatorias mundialistas.

Los partidos México dentro de Concacaf  forman parte de uno de los productos más importantes de selecciones de la región. Una eventual mudanza a Conmebol trasladaría ese interés hacia la eliminatoria sudamericana.

El aficionado mexicano en Estados Unidos probablemente seguiría viendo a México, pero ya no estaría necesariamente consumiendo un producto de Concacaf.

Estaría viendo al Tri enfrentar a Argentina, Brasil, Colombia, Uruguay o cualquier otro rival de Sudamérica dentro de una competencia perteneciente a Conmebol.

Ahí aparece quizá el elemento comercial más delicado.

Concacaf podría conservar el gigantesco mercado estadounidense, pero perdería uno de los principales vehículos que tiene para explotar dentro de él a la audiencia mexicana.

Dicho de otra manera: Concacaf no perdería al aficionado mexicano en Estados Unidos; perdería la posibilidad de venderle sus torneos a través de México. 

¿Y el riesgo de quedarse sin Mundial?

Durante décadas, uno de los principales argumentos deportivos contra una incorporación de México a Conmebol fue el riesgo de perder la cómoda ruta mundialista de Concacaf.

En Sudamérica habría que competir regularmente contra Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Ecuador y el resto de las selecciones de Conmebol.

Sin embargo, el crecimiento de la Copa del Mundo ha cambiado considerablemente ese escenario.

Para el Mundial de 2026, Conmebol dispuso de seis plazas directas y una adicional para el repechaje entre solamente 10 selecciones. Es decir, 60 por ciento de sus miembros obtiene boleto directo y un séptimo cuenta con una oportunidad adicional.

Ese escenario es muy diferente al que existía durante los Mundiales de 32 participantes.

Y todavía podría abrirse más.

FIFA estudia una propuesta para ampliar a 64 participantes la Copa del Mundo de 2030. La expansión todavía no está aprobada y tampoco existe una distribución oficial de plazas entre las confederaciones, por lo que sería incorrecto asegurar cuántos boletos recibiría Sudamérica.

Pero si una eventual ampliación también incrementara la cuota de Conmebol, el argumento de que México pondría seriamente en riesgo su presencia mundialista perdería buena parte de la fuerza que tuvo durante años.

La eliminatoria sudamericana seguiría siendo mucho más exigente futbolísticamente que la de Concacaf, pero en un Mundial de 64 selecciones probablemente también aumentaría considerablemente el margen para conseguir un boleto.

Una negociación podría abrir la puerta

La diferencia fundamental entre Australia y México quizá no esté en los reglamentos, sino en los incentivos.

Oceanía encontró razones deportivas y de desarrollo para aceptar la partida de Australia en 2005. La Concacaf, en cambio, tendría pocas razones inmediatas para desprenderse de México.

Ahí tendría que aparecer una negociación.

Conmebol y la FMF tendrían que encontrar una fórmula capaz de compensar a Concacaf por la pérdida de uno de sus principales activos deportivos y comerciales.

Una eventual compensación económica podría formar parte de esa negociación. También podrían aparecer acuerdos de participación en determinados torneos, derechos comerciales compartidos, partidos entre confederaciones o algún esquema que permitiera a Concacaf conservar parte del negocio relacionado con México.

Nada de eso existe actualmente y sería únicamente una posibilidad de negociación, no un mecanismo establecido.

Pero Australia ya demostró que la pertenencia a una confederación no necesariamente es para siempre.

Por eso, el debate sobre una eventual incorporación de México a Conmebol debería plantearse de otra manera.

No es imposible.

Es extremadamente complicado, comercialmente costoso para Concacaf y exigiría un acuerdo que hoy no existe.

Y precisamente por el valor que México tiene no solamente dentro de su propio país, sino también en los productos que Concacaf comercializa en Estados Unidos, la verdadera pregunta no sería si puede marcharse.

Sería otra:

¿Qué tendría que recibir Concacaf para aceptar dejar ir a México?