Antonio Mohamed, un hombre tocado por la grandeza 

Entre lágrimas, triunfos y momentos que marcaron su vida, el Turco ha construido una historia donde la pasión, la fe y el espíritu ganador, conviven con el hombre sensible que pocos conocen

Liga MX
Antonio Mohamed hace unos meses tars conquistar su quinto título en el balompié mexicano y el segundo consecutivo con el Toluca.Adrian Macias/Mexsport

Aquella imagen en 2019 de Antonio Mohamed sentado en el banco de suplentes, con un rosario entre las manos y los ojos llenos de lágrimas tras salir campeón con el Monterrey, quizá sea la mejor manera de explicar quién es realmente el Turco.

Detrás de esa armadura que proyecta seriedad, reserva y hasta cierta distancia, existe un hombre profundamente emocional. Pocos conocen ese lado humano, sencillo y sensible. Lo que todos conocen, en cambio, es su ADN: Ganar. Ganar Ganar.

Mohamed rompe en llanto tras conquistar en 2019 el título con Rayados
Mohamed rompe en llanto tras conquistar en 2019 el título con RayadosEspecial

“Quiero ganar todo lo que se pueda. No nos podemos relajar en los laureles, hay que seguir compitiendo. Estoy muy feliz y totalmente comprometido con hacer un gran torneo en México y en la Intercontinental”, dijo Mohamed después de conquistar un nuevo título, el número 11 de su carrera como entrenador en el futbol mexicano.

Pero, ¿por qué Mohamed suele transformar a los equipos casi de inmediato? Convertirlos en proyectos ganadores, distintos y especiales. 

Hay algo que no aparece en una estadística: su ojo clínico para detectar futbolistas y, sobre todo, para entenderlos. El Turco tiene una capacidad especial para leer al jugador. Identifica qué necesita, qué le falta, qué lo motiva y hasta dónde puede llevarlo. En el uno a uno es un entrenador profundamente humano. Conoce las virtudes y las carencias de cada futbolista y encuentra la manera de exprimir hasta la última gota de su talento.

Para mí es el mejor en la historia de la liga mexicana”, señala Alexis Vega, quien en su etapa con las Chivas, había perdido las ganas de jugar al futbol.

A los 56 años, Mohamed ya no vive las finales desde la urgencia. Las entiende como consecuencia de un camino. Su experiencia le permite reconocer los momentos, manejar los vestidores y recuperar jugadores que parecían apagados. Su gran virtud es hacer que sus equipos compitan.

No es casualidad. Como jugador fue irreverente. Su cabello teñido era una declaración de identidad, de inconformidad, de alguien que no tenía miedo a ser diferente. Y como entrenador conservó esa esencia: es valiente, intenso y ganador.

Cuando llegó al futbol mexicano en 1993, no era común encontrarse con un personaje como él. En el banquillo, se curtió en proyectos de menor reflectores como Zacatepec, Morelia, Querétaro, Jaguares y Veracruz. También salió a Argentina para construir experiencia en Huracán, Independiente y Colón. Regresó a México con Tijuana y ahí comenzó a escribir una historia que parecía reservada para pocos.

Antonio Mohamed fue la máxima figura del equipo desde sus inicios. (Mexsport)
Antonio Mohamed fue una de las máximas figura de Toros Neza. Mexsport

Aquel plantel de Xolos campeón en 2012 lo definió como un equipo de “hombres”. Después llegó América, el club más ganador del futbol mexicano, y demostró que tampoco necesitaba un contexto modesto para triunfar. Monterrey fue una cuenta pendiente que terminó saldando, además de convertirse en una promesa cumplida a su hijo fallecido.

En los Pumas, antes de llegar al Toluca, fue similar. Los regresó a competir hasta alcanzar las semifinales del Apertura 2023 y después por situaciones personales, terminó su proyecto.

Con los Diablos, tomó al equipo y los llevó al bicampeonato, recuperando futbolistas que parecían haber perdido la chispa y marcando actualmente una época dorada con el club.

Por eso Mohamed sigue ganando. Porque no solamente dirige equipos: entiende personas. Y cuando logra conectar con ellas, consigue algo que parece sencillo, pero que pocos entrenadores pueden hacer: convertir talento, emociones y experiencia en campeonatos.

Esa es, quizá, la verdadera filosofía del Turco. No conformarse con lo ganado. Porque para Mohamed, cada título no es el final de una historia, sino la obligación de volver a competir por la siguiente historia.