Santa Úrsula Coapa: De campo de cultivo a cuna del futbol

El sociólogo Ehécatl Cabrera detalla la transformación de esta zona y de sus pobladores a partir de los grandes eventos deportivos; Memórica exhibe una exposición virtual

Concepción Ramírez es considerado el primer ejidatario.
Concepción Ramírez es considerado el primer ejidatario.Cortesía Memórica

Antes de que fuera construido el Estadio Azteca, inaugurado el 29 de mayo de 1966, Santa Úrsula Coapa era un campo donde sus habitantes cultivaban flores, criaban ganado, fabricaban adobe, vendían forraje o alimentos preparados.

Pero grandes acontecimientos deportivos, como los Juegos Olímpicos de México 1968 y los mundiales de futbol varonil de 1970, 1986 y 2026, cuya sede principal fue el Estadio Azteca, transformaron la geografía de la zona, con nueva infraestructura y vialidades, y cambiaron para siempre la vida de sus habitantes.

Hay tres Santa Úrsula Coapa. Es algo que poca gente sabe. El pueblo originario, donde está la Iglesia; se ve del lado derecho de la calzada de Tlalpan, si viajas hacia el sur, a la altura de la estación Vergel del Tren Ligero. El Ejido Viejo, el antiguo espacio de cultivo que quedó del lado izquierdo de Tlalpan, que nació con la Reforma Agraria. Y el Pedregal, el área más grande habitada desde finales de los años 70 y principios de los 80”, explica Ehécatl Cabrera.

El doctor en Ciencias Sociales por la UAM detalla en entrevista con Excélsior que las megas obras de infraestructura, vialidades y la construcción de viviendas, es decir, “la urbanización desmedida”, dividió a los habitantes del pueblo, el Ejido Viejo y el Pedregal, a pesar de que muchos son familiares.

En 1986, lo rural ya había cedido. En 1992 se cambió la tenencia de la tierra y se pudieron vender los ejidos. Lo que disparó la construcción de vivienda.

Se desataron las luchas sociales y protestas por los desplazamientos que han enfrentado y la carestía de agua, debido al uso habitacional mal planeado, y los procesos de gentrificación”, comenta.

La vida en Santa Úrsula Coapa era muy diferente antes de la transformación urbana.
La vida en Santa Úrsula Coapa era muy diferente antes de la transformación urbana.Cortesía Memórica

Con la idea de conservar su memoria e identidad, los pobladores fueron guardando fotografías, escritos y mapas y solicitaron a la UNAM apoyo para digitalizar este material que dio vida al Archivo Digital Comunitario del Ejido Viejo de Santa Úrsula Coapa.

El repositorio, que no es público, aclara el maestro en Urbanismo por la máxima casa de estudios, alberga 427 documentos, que datan de los años 30 del siglo pasado, resguardados por vecinos como Belén Pablo, Luis Hernández y Fernando Chávez.

Parte de este material se exhiben en la nueva exposición virtual de Memórica (memorica.gob.mx), en el portal del Archivo General de la Nación; donde se puede descubrir cómo eran el Ejido Viejo, las familias, personajes como don Concepción Ramírez –considerado el primer ejidatario–, los paisajes, la vida cotidiana y las luchas sociales.

La construcción de Viaducto-Tlalpan a finales de los años 60 es muy importante, porque fractura una unidad territorial. Quedan divididos el pueblo y el Ejido Viejo. Los del pueblo originario tienen familiares en el Ejido Viejo y en el Pedregal. Pero los mecanismos de planeación no tienen nada qué ver, la delegación los separa. El estadio quedó en medio del pueblo y el Ejido”, agrega Cabrera.

Antes de que fuera construido el Estadio Azteca, en 1966, Santa Úrsula Coapa era un campo donde sus habitantes cultivaban flores.
Antes de que fuera construido el Estadio Azteca, en 1966, Santa Úrsula Coapa era un campo donde sus habitantes cultivaban flores.Cortesía Memórica

Quien realizó una estancia de investigación en el Laboratorio de Sociología Visual de la Universidad de Génova, Italia, destaca un dato curioso. “El cronista Baltazar observa que la Iglesia de la santa patrona mira al Ejido Viejo, hacia el campo de cultivo, y le da la espalda al Pedregal”.

Añade que desde los Juegos Olímpicos del 68 se quiso desplazar a la gente. “Querían dar una imagen moderna ante el mundo, decían que no querían ‘indios’ alrededor del estadio. Y en los Mundiales de Futbol ha sido lo mismo. Y ahora, curiosamente, aunque el discurso es el contrario, que sí valoran lo indígena, los pobladores tampoco se pueden acercar fácilmente, sino hasta que se van los turistas”.

Para Cabrera, la campaña del gobierno capitalino, de pintar símbolos prehispánicos y ajolotes en la zona, es “un maquillaje folclorizante para los turistas, un exceso de simplificación, de estereotipos, que no ha gustado a los pobladores de Santa Úrsula Coapa”.