Qué chingón, Vasco

Será difícil establecer cuánto de lo que se ha contado sobre los motivos que llevaron el viernes a la FIFA a reprogramar dos veces, en apenas cinco horas, el partido de hoy entre nuestra Selección y la de Inglaterra es verdad. Lo que sí quedará en el registro es lo que expresó el Vasco Aguirre a Joaquín López-Dóriga en medio de esa crisis: “La modificación del horario es como una patada en el estómago que te mueve todo; como estaba, a las seis de la tarde, estaba perfecto”. Y aunque al final se determinó mantener el juego a las seis, la crítica tronante del Vasco sugiere que la primera decisión se tomó sin consultar a la Selección. ¿Cuál era la necesidad de proceder de esa manera? Cuesta creer que, ante las eventuales celebraciones nocturnas posteriores al encuentro, el miedo del Gobierno de la Ciudad de México fuera tan grande como para concertar con la FIFA este agobio contra el equipo que nos ha regalado alegrías e identidad durante tres semanas. ¿Descomponer así a la Selección para salvar vidas en el Ángel o para preservar una carrera política? ¿A quién se le ocurrió dar la patada de mula? Ojalá que, como dijo ayer el propio Vasco, el episodio de las seis de la tarde no pase de ser una anécdota y lo esencial se resuelva donde debe resolverse: en la cancha del Azteca. Suerte a la Selección. Y suerte a ti, Vasco: chingón de principio a fin en nuestro Mundial, que hoy –y quizá sea por los siglos de los siglos– atestiguará su último partido en suelo patrio.