Planeta Danza: “Castel”: El universo de la desolación

La coreografía de Víctor Manuel Ruíz es resultado de dos años de investigación sobre cómo mostrar la degradación espiritual y la ausencia de sentimientos

El proyecto escénico “Castel” fue creada a partir del homicidio que sucede en la novela “El túnel”, de Ernesto Sabato.
El proyecto escénico “Castel” fue creado a partir del homicidio que sucede en la novela “El túnel”, de Ernesto Sabato.Cortesía Víctor Manuel Ruíz

Cuando Víctor Manuel Ruíz (Ciudad de México, 1964) me habló sobre su proyecto escénico Castel, a partir del homicidio que sucede en la novela El túnel de Ernesto Sabato, dudé en asistir. Mi experiencia con esa novela, El extranjero de Albert Camus y Opiniones de un payaso de Heirnrich Böll, entre otras, me dejaron desolada; y aún ahora, cuando veo los libros en mi biblioteca, siento un vuelco en el corazón.

Hay coreógrafos mexicanos que tratan de llevar al foro problemáticas sociales, como la trata de personas, crímenes de odio, tortura, las muertas de Juárez y el laberinto de horror de la migración ilegal, entre otras. Si bien los esfuerzos son honestos, en la mayoría de los casos la realidad de la vida les queda grande.

Pero Castel es otra cosa. Durante dos años investigó cómo mostrar la degradación espiritual y la ausencia de sentimientos, inundando el escenario con imágenes extraordinarias, sin violencia o ilustración naturalista, analizando el significado de ciertos gestos depresivos y el desastre de vivir sin sentido alguno. Así, desde Sabato, el artista logró dar un giro hacia los feminicidios que nos arrinconan como sociedad, normalizando el miedo.

Se trata de una perla negra en medio de la superficialidad de propuestas de mucho ruido y pocas nueces.
Se trata de una perla negra en medio de la superficialidad de propuestas de mucho ruido y pocas nueces.Cortesía Víctor Manuel Ruíz

Ruíz tiene tiempo concibiendo montajes que él mismo ilumina, diseña escenográficamente y determina en lo sonoro. A ese desbordado talento se agrega la telúrica presencia de Johnny Millán, con tesituras interpretativas de profunda solidez técnica y fisicalidad asombrosa; la precisión y belleza de Naima Toledo y la fuerza de Kaleb Oseguera.

La propuesta es un lujo que pocas veces se ve gratuitamente en el INBAL y mucho menos en el pequeño Laboratorio de Creación Escénica de la Unidad del Bosque.

El arte no necesita ser multitudinario. No hace falta llenar auditorios o teatros y tratar de medir el éxito por la cantidad de público asistente. El asombro, la capacidad de hacer frente a los asesinatos de mujeres en México, desde la reflexión más que desde la queja, deriva no del movimiento per se, sino desde la acción dramática.

Se trata de una perla negra en medio de la superficialidad de propuestas de mucho ruido y pocas nueces.