“Una gran épica de los vencidos”; gana David Toscana el Premio Alfaguara
El escritor mexicano se alzó ayer con el galardón dotado con 175 mil dólares, por la novela El ejército ciego, que se publicará en marzo

El escritor mexicano David Toscana (Monterrey, 1961) se alzó ayer con el XXIX Premio Alfaguara de Novela con el manuscrito El ejército ciego, que recrea la historia de un ejército de 15 mil soldados búlgaros; a quienes, tras perder la batalla, les arrancaron los ojos, dejando tuertos a un puñado que guiará a los ciegos de regreso a casa.
Este relato, del que existe poca información histórica, sirvió a Toscana para crear “una fábula oscura y poderosa, alejándose del relato histórico convencional” y, así, ofrecer una lectura simbólica y casi mítica sobre la guerra, el poder y la resistencia, como subrayó el acta del jurado.
La novela es contada en primera persona por Kozaro, el escriba, aunque la ficción —que saldrá a la venta el próximo 26 de marzo en todo el territorio de habla hispana— pronto adquiere un tono coral y poético, que mezcla testimonios, leyenda y humor negro, para perfilarse como “una gran épica de los vencidos”, en la que muestra que los ciegos no fueron los derrotados.
Tras la entrega del galardón, dotado con 175 mil dólares (cerca de tres millones de pesos) y una escultura de Martín Chirino, el autor regiomontano ofreció una videoconferencia, donde ahondó en su novela y aclaró que Kozaro es apenas uno de los personajes de esta ficción.
“De algún modo, intuimos que (Kozaro) es el que tiene más mano a la hora de contar el relato; pero las narraciones para mí son un poquito como si fueran de varias voces, como si la novela se fuera completando con episodios que se van relatando quizás en una taberna o cuando alguien quiere contar cosas, un episodio o casi un chisme, y entonces la novela se va completando así”, dijo.
Así que esta novela, expuso, aporta una voz de varios ciegos, quienes hablan de la ceguera como una experiencia compartida. “Kozaro es el que sabe escribir en ese alfabeto cirílico, en una Bulgaria donde todavía la gente no es muy letrada ni se escriben crónicas, poemas ni novelas; y es él quien se pregunta, en aquel año de 1014, si ahora que no tiene ojos todavía sabe leer.
“Él sabe leer y escribir y, de pronto, alguien le pregunta si ahora que no tiene ojos aún sabe leer y se queda sorprendido, así que debe pensar si la lectura es algo que depende de los ojos o no”, añadió.
Y recordó cómo a menudo es visto el ciego: “Siempre imaginamos al ciego como alguien derrotado y no es así. El ciego es un aventurero. Uno los ve cruzando calles con su bastón, haciendo cosas que uno no se atrevería. (Nosotros) cerramos los ojos y damos tres pasos y ya sentimos miedo. Entonces, ellos tienen un heroísmo cotidiano.
Toscana también habló de su fascinación por la guerra. “No voy a decir que me gusta la guerra, sino la posibilidad literaria de llevar al ser humano a situaciones extremas. A veces no me comunico muy bien con novelas donde la crisis es una relación de pareja, porque no me parece una situación extrema, como lo sería la guerra. La guerra sí me gusta más como laboratorio de pasiones y como laboratorio literario, así que me gusta leerla y, de vez en cuando, escribir esta literatura”.
Y aseguró que este relato no había sido abordado desde la ficción. “Me di cuenta de que 1012 años después del evento no se había escrito una novela y, dije: ‘Bueno, pues que venga un mexicano a hacerlo’. Podemos decir que soy regio, mexicano o latinoamericano, pero la literatura es algo universal y, como mexicano, tengo derecho de meterme en mundos, en pasados e, incluso, en relatar en español algo que ocurrió en otra lengua… El novelista tiene el derecho a la imaginación que no tiene el historiador”.
El también autor de El último lector y El peso de vivir en la tierra consideró que el ser humano nunca ha sido buen juez del presente. “Tendemos a decir que hoy los tiempos son terribles; pero siempre que se lee literatura o a historiadores de otras épocas, parece que siempre se están quejando de lo mismo. Desde Plutarco, hace 2 mil años, ya estaba hablando de eso”.
Finalmente, expuso que a él le gustaría pensar que, pese a cambiar de geografías, tiempos y personajes, siempre queda una especie de huella digital de lo toscaniano en sus narraciones.
El jurado del XXIX Premio Alfaguara estuvo presidido por el escritor Jorge Volpi e integrado por Agustina Bazterrica, Brenda Navarro, Camila Enrich, Óscar López y Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, con voz, pero sin voto.
Este año, el certamen recibió mil 140 manuscritos, de los cuales 524 llegaron de España, 171 de Argentina, 169 de México, 109 de Colombia, 62 de Estados Unidos, 49 de Chile, 34 de Perú y 22 de Uruguay.
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