El cierre de ERA, síntoma de la transformación del mercado editorial
La escritora Elena Poniatowska y los editores Jaime Labastida, Tomás Granados y Andrés Ramírez reflexionan sobre los motivos de la crisis de la editorial independiente

El mercado editorial cambió su forma de operar, pero también el lugar del libro en la sociedad y, sobre todo, el gusto y el interés de los lectores. El cierre de editorial ERA, tras 66 años de historia, anunciado el lunes pasado, es un “síntoma” de esta transformación, coinciden los editores Tomás Granados y Andrés Ruiz.
“Lo de ERA es un síntoma de los cambios en la forma de operar del mercado editorial; pero los editores y libreros estamos viendo eso y tratamos de adaptarnos. Es la primera víctima de una transformación más profunda sobre el lugar del libro en la sociedad”, afirma Granados en entrevista.
“ERA concebía un tipo de libros exigentes; tanto los literarios, como los de historia y de política, requerían un lector comprometido. Hacía falta tiempo, esfuerzo, para sacarles jugo. Y no sé si los lectores actuales estén dispuestos a dedicarles eso”, agrega el director de Grano de Sal.
Con un catálogo histórico de mil 200 títulos, de los que permanecen vivos 400, según cifras dadas a conocer el año pasado por su director Marcelo Uribe, ERA fue fundada en 1960 por Neus Espresate, Vicente Rojo y José Azorín, cuyas iniciales de sus apellidos inspiró el nombre del sello que se convirtió en icónico.

Ha sido la casa editorial de grandes escritores, como Juan Rulfo, José Lezama Lima, Fernando Benítez, Elena Poniatowska, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Carlos Monsiváis, Augusto Monterroso, José Emilio Pacheco y José Revueltas.
El martes pasado, el sello matizó el mensaje de cierre que el lunes hizo llegar a libreros y clientes, y aclaró que “reducía al mínimo sus operaciones”.
Elena Poniatowska (1932), una de las grandes autoras vivas de ERA, explicó en entrevista que para ella este cierre “es una pérdida enorme y además la constancia de un fracaso y una derrota. Lo siento mucho por Vicente y Neus, los editores que se la jugaron con la editorial”.
La Premio Cervantes, quien tenía toda su obra en ERA, desde La noche de Tlatelolco (1971), hasta que ganó el Premio Biblioteca Breve en 2011, que empezó a publicar en Planeta, piensa que el responsable del cierre
fue Marcelo Uribe, pues Neus puso en él toda su confianza, le legó todo y lo echó a perder, no estuvo a la altura; eso es fuerte, pero es la verdad”, agrega.
Dice que nunca dejó ERA, sino que a medida que iba ganado premios, publicaban los libros las editoriales que los convocaban.

Por su parte, el editor Jaime Labastida destaca que en los años 60 del siglo pasado, surgieron, casi de manera paralela, tres editoriales: Joaquín Mortiz, Siglo XXI y Ediciones ERA.
“ERA es muy particular, pues nació como un apéndice de la Imprenta Madero, donde el diseñador era Vicente Rojo. Primero fue la Librería Madero y luego la imprenta y de ahí se desprendió la editorial”, comenta quien dirigió Siglo XXI durante 31 años.
“Cuando vendieron la Imprenta, se separaron los tres y la editorial tuvo que sobrevivir con sus propios recursos y empezó a sufrir. El mayor auge de ERA fue cuando estaba vinculada a la Imprenta Madero”.
Dice que las editoriales han sufrido por la falta de lectores en México. “Es terrible. Lo mismo padeció Siglo XXI. La recibí en quiebra en 1990. A partir del segundo año tuvimos números negros. Y la entregué limpia. Pero la crisis educativa arrastra a las editoriales y a las librerías”.
Y Andrés Ramírez concluye que
preocupa que se cierre una editorial, porque quiere decir que no se está llegando a los lectores. Están aumentando las ventas. El crecimiento este año es de 5 por ciento; pero se están consumiendo otras obras, literatura para gente joven”.
El director editorial de Penguin Random House dice que ERA debe explicar qué significa disminuir al mínimo sus operaciones. “No sé si sus libros dejarán de circular o se irán a otras editoriales. Ojalá todos se puedan seguir leyendo”.