La fe de un pueblo: milagros y penitencia en la 183 representación de la Pasión de Cristo
Entre los asistentes a la representación en Iztapalapa, algunos agradecen y reflexionan sobre la ayuda que han recibido de Jesús

Entre la multitud que se congrega en Iztapalapa cada Viernes Santo, la fe se palpa en el aire, tejida con hilos de promesas cumplidas, milagros personales y profundos arrepentimientos. La 183 Representación de la Pasión de Cristo no es solo una tradición, sino un encuentro íntimo donde los asistentes y participantes reviven la historia con sus propias cargas y agradecimientos.
Una de esas historias es la de María Fernanda, una creyente que asiste desde hace diez años con su familia en el barrio de San Lucas. Cada año, María Fernanda recuerda y agradece el nacimiento de su hija Samara, cuyo nombre significa "la protegida de Dios".

"Mi hija se estaba muriendo antes de nacer, al igual que yo", relata con emoción. Tras 72 horas de parto y un desangramiento que puso en riesgo ambas vidas, la fe, dijo, se hizo presente.
"Simplemente te encomiendas a él y gracias a Dios, mi hija hoy en día tiene cuatro años." Para ella, el momento más especial de la representación no es el sufrimiento, sino la esperanza.
Cuando Jesús resucita, porque ahí es donde él se manifiesta, donde él cumple lo que siempre nos enseñó."
En contraste con la gratitud de María Fernanda, el peso de la penitencia recae sobre los hombros de Roberto Hernández Pantoja, un Nazareno de 67 años que lleva 45 participando en la representación. La cruz que carga desde hace cuatro años, de 5.5 metros de altura y un peso que ronda los 45 a 50 kilos, es el símbolo de una promesa y una penitencia personal.
El señor Roberto compartió que, a lo largo de los kilómetros de recorrido, no solo siente el ardor de la madera sobre sus hombros, sino también el peso de sus reflexiones.
Le vamos pidiendo a Dios que nos ayude y aparte de todo eso, pues que nos perdone por todo lo mal que nos existe en la vida."
A su edad, el sacrificio de cargar la cruz se transforma en un camino de oración, reflexión y una búsqueda constante de perdón.
*DRR*