Mou, el ganador que hace tiempo no gana
Gustos al margen, los míos están en las antípodas, reconocer a Mourinho como un gran entrenador no es materia de discusión. El portugués cuenta con dos virtudes fundamentales que debe tener un buen técnico; generalmente, hacer sus equipos identificables y, casi ...
Gustos al margen, los míos están en las antípodas, reconocer a Mourinho como un gran entrenador no es materia de discusión.
El portugués cuenta con dos virtudes fundamentales que debe tener un buen técnico; generalmente, hacer sus equipos identificables y, casi siempre, poner a los jugadores en el sector del campo donde mejor muestran sus virtudes y no quedan expuestas sus falencias.
El luso, además, históricamente ha sido un hábil declarante. Como reconoció su alter ego Guardiola: en rueda de prensa es el “puto amo”. Su capacidad para influir en el entorno mediante declaraciones, nunca casuales, es única. En una de sus etapas más críticas en el Real Madrid, con el Barcelona campeón de Champions y Liga, micrófono mediante, logró amplificar el título blanco en la Copa del Rey con una repercusión para el torneo que no tenía desde los años 80 con los polémicos duelos entre el Barça de Menotti y el Athletic de Clemente. Lo que genera frente a los periodistas es inigualable.
Mourinho, junto con el Cholo, uno de los principales apóstoles modernos del pragmatismo futbolístico, acaba de ser despedido del lugar donde siempre soñó estar: el Manchester United. Para un personaje que la dicotomía y el enfrentamiento es su hábitat natural, llegar a los Reds, con Pep al mando del City, era la panacea para curar los sinsabores de su etapa fallida en el Chelsea. El balance no pudo ser peor; mientras coincidieron dirigiendo los equipos de Manchester, el City le sacó más de 40 puntos a los Diablos Rojos y ganó una liga rompiendo récords. El único consuelo para los dirigidos por Mou fue, mediante una victoria directa, retrasarles a sus vecinos por un par de semanas el festejo del alirón.
¿Fracasó en sus pasos por el Chelsea y el United? Según sus propios parámetros, estrepitosamente. Los cultores del resultado como único objetivo, cuando no ganan, son presos de sus propias palabras. Desde mi punto de vista, sus últimos descalabros fueron consecuencia de que su estilo personalista nunca terminó por encontrar respuestas positivas en el vestidor. Su hipótesis de enfrentamiento constante le quitó legitimidad ante los jugadores. Daría la impresión que no terminaron de estar convencidos del mensaje; nunca mostraron un patrón de juego que hiciera el equipo reconocible.
Una de las grandes mentiras del futbol es la catalogación mediática de algunos entrenadores como ganadores. En el deporte, a todos les toca ganar y perder, por eso las formas no son un detalle menor. Los supuestamente ganadores, cuando pierden, no se quedan ni aportan nada.
Mou desempleado será siempre una amenaza, u opción constante, según el juicio de cada uno, al banquillo del Madrid. Muchos forofos recuerdan con nostalgia su tumultuoso y poco exitoso paso por Chamartin. Solari tendrá a sus espaldas la sombra del luso cuando enfrente en la final del Mundial del Clubes al Al Ain, el sorprendente verdugo de River Plate. Los jugadores, como siempre, dictarán sentencia.
