Conciencia moral FIFA

En la prensa española, desde abril del año pasado, se decía que el Madrid y el Atlético habían sido hallados culpables de infringir el reglamento de contratación de menores, pero fue recién días atrás que el veredicto se comunicó oficialmente. Seguramente, la ...

En la prensa española, desde abril del año pasado, se decía que el Madrid y el Atlético habían sido hallados culpables de infringir el reglamento de contratación de menores, pero fue recién días atrás que el veredicto se comunicó oficialmente. Seguramente, la difícil situación del exsecretario general de FIFA, Jérôme Valcke, recientemente separado del puesto por estar relacionado con un caso de corrupción por venta de entradas, tuvo muy ocupado al organismo para actuar con mayor celeridad en este expediente.

La semana pasada, siendo ya oficial la salida de Valcke, y una vez realizada la gala del Balón de Oro sin el riesgo de ser boicoteada por el Madrid, se comunicó oportunamente la sentencia.

La reglamentación de protección de niños, que se ha ido endureciendo en los últimos años, probablemente sea el único estandarte de moralidad que puede sostener FIFA en esta era de total desprestigio. Esta legislación tiene como fundamento moral; por un lado, atacar directamente a los oportunistas que sólo persiguiendo un fin económico se aprovechan de jóvenes futbolistas, y por otro, evitar el desarraigo familiar.

El primer punto, no resiste demasiado análisis. Todo esfuerzo realizado para denunciar y erradicar las mafias de intermediarios que engañan a padres y niños, debe ser respaldado de forma unánime por todo el ambiente del futbol.

En cuanto a la cuestión del desarraigo, el análisis no es tan sencillo. Como está planteado el reglamento en la actualidad, en la práctica, pueden producirse claras anomalías en su aplicación.

Por ejemplo: entre los más de 30 casos observados en el expediente del club merengue se encuentran dos hijos de Zidane. Con ellos, puede existir una falta ante una interpretación fundamentalista del artículo 19.2 del reglamento que expresa que sólo se pueden incorporar juveniles foráneos “si sus padres cambian su domicilio al país donde el nuevo club tiene su sede por razones no relacionadas con el futbol”. ¿Cómo aplica esto con los hijos del crack francés? Sin lugar a dudas, si algo hizo Zidane cuando llegó a Madrid, fue jugar al futbol…

¿Y en otros casos? ¿Si los padres ante la propuesta de un club aceptan una oferta de trabajo para cambiar su residencia porque consideran que es la mejor decisión para el futuro de su hijo y su familia? ¿Qué hubiese sido de Messi si el Barcelona no se cruzaba en su camino y podía hacerse cargo de su tratamiento de crecimiento? ¿Puede la FIFA decidir mejor que los padres en estos casos?

Es difícil juzgar si los clubes españoles sancionados recientemente infringieron o no el reglamento. Lo que es muy sencillo de demostrar, es que difícilmente un joven de cualquier latitud encontrará mejores lugares para desarrollarse como jugador y verse mejor tratado que en las canteras del Madrid, Atlético y Barcelona, club que fue sancionado el año pasado.

Sin duda, es un reglamento bien intencionado que debe ser revisado para que su aplicación no termine generando más problemas que beneficios.

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