Hijo de tigre…
No son pocos los casos de los jóvenes queriendo seguir los pasos de sus padres boxeadores, intentan desarrollar una carrera, ya sea porque llevan el mismo nombre o bien, porque sienten haber heredado facultades o porque aprendieron el oficio desde muy pequeños o todo esto ...
No son pocos los casos de los jóvenes queriendo seguir los pasos de sus padres boxeadores, intentan desarrollar una carrera, ya sea porque llevan el mismo nombre o bien, porque sienten haber heredado facultades o porque aprendieron el oficio desde muy pequeños o todo esto junto.
Empiezo por los Mayweather, el padre tuvo una discreta carrera, nunca fue monarca universal y, entre lo mejor que enfrentó, fue a Sugar Ray Leonard, en septiembre de 1978. Hoy en día ayuda a su hijo, que ha conquistado todo lo posible y es uno de los deportistas más ricos de la actualidad.
El formidable Muhammad Alí tuvo cuatro matrimonios en los que procreó a siete hijas y dos varones, uno de ellos, con el mismo nombre de su padre, pero que nunca intentó subirse a combatir, pero Laila, segunda hija de su segundo matrimonio, fue impulsada por sus genes a un cuadrilátero, causando una buena opinión entre los conocedores, pero no en su padre, que se negó, en principio, a que su hija lanzara golpes de manera profesional. Venció, por cierto, en el año 2001, a la hija de Joe Frazier, Jackie.
El querido Cañas, Carlos Zárate, tuvo una efímera ilusión con su hijo del mismo nombre y distinta constitución física. Cuando éste apuntaba para llegar a disputar compromisos de importancia, se lesionó de manera irreversible un hombro, teniendo que abandonar los encordados para dedicarse a sus estudios. Héctor Macho Camacho tuvo la ilusión de ver triunfar a su hijo, del mismo nombre, pero esas posibilidades no se concretaron, pues las facultades del cachorro no alcanzaron para mucho.
Jorge Maromero Páez, que estableció una carrera especial dentro del boxeo profesional por su extravagancia, aún recordada, y que complementó con títulos mundiales, además de rivales de la talla de Pernell Whitaker, Óscar de la Hoya, ha visto a su hijo hacer una carrera distinta, sin campeonatos del mundo, pero con mucha seriedad, es un peleador con cartel respetable y reconocido principalmente en el norte del país. Marcos Villasana, con gran calidad para convertirse en monarca mundial pluma y carisma inobjetable, ahora acompaña a su hijo del mismo nombre. Lo vemos de vez en cuando sufrir y gozar las victorias de su vástago, que aún no encuentra el camino a una pelea de título mundial. Guty Espadas, padre e hijo, ambos campeones mundiales, ahora disfrutan de las bondades de una vida tranquila en tierras de la península de Yucatán.
Mañana le toca a Julio César Chávez Carrasco, el hijo de la leyenda, como reza su frase de presentación. Luego de no pelear por más de un año y cambiar de promotor, lo subieron contra un polaco de buenas maneras, Andrzej Fonfara, que lo tundió feo. Varios errores han acompañado a Julio hijo en su carrera: la indisciplina, caprichos, escaso apego al gimnasio, sin autocrítica, lo que le ha llevado a dar bandazos y dolores de cabeza a su padre. El tiempo pasa y no perdona, porque está lanzando por la borda la posibilidad de convertirse en una gran figura del boxeo nacional por la falta de respeto a sí mismo, a su carrera y al público. Parece que la paternidad le ha asentado favorablemente, lo veremos contra Marco Reyes en El Paso, Texas.
