Regreso al ring
El formidable manejador de boxeo Angelo Dundee, que fue fundamental para el crecimiento boxístico de gente de alcurnia como Muhammad Alí, Sugar Ray Robinson y hasta George Foreman dijo en alguna ocasión que mostrar gran condición física no basta para volver a combatir ...
El formidable manejador de boxeo Angelo Dundee, que fue fundamental para el crecimiento boxístico de gente de alcurnia como Muhammad Alí, Sugar Ray Robinson y hasta George Foreman dijo en alguna ocasión que mostrar gran condición física no basta para volver a combatir de manera profesional, asistir frecuentemente a la sala de entrenamientos tampoco es garantía, pues no hay como estar con un rival enfrente para entonces sacar la verdadera vocación del peleador. Y lo dijo porque lo vivió muy de cerca con alguna de sus más preciadas joyas del boxeo.
Sugar Ray Leonard, por ejemplo, tuvo graves problemas con su vista, lo que le obligó a dejar los encordados. Su alejamiento fue por un espacio no mayor a tres años, pero luego lo tuvimos de vuelta y combatió otro periodo de tiempo más. A los boxeadores que se retiran y regresan les sobran argumentos para descolgar los guantes, como, por ejemplo: estar convencidos de que sus días de gloria no han terminado aún y tienen en las alforjas, independientemente del tiempo que no han combatido, arsenal suficiente para regresar triunfantes.
Hace unos días, Antonio Margarito manifestó su deseo de volver a calzarse los guantes de manera profesional. Ahora tiene 37 años. La fecha de su combate más reciente es del mes de diciembre de 2011, cuando Miguel Cotto le propinó una paliza; antes, en 2010, Manny Pacquiao también le derrotó. Al paso de los calendarios dice sentirse con la fuerza y facultades renovadas. ¿Necesita dinero, extraña los reflectores, no puede vivir sin boxear? No tengo idea, pero pide tiempo para meterse de nuevo al mundo del boxeo, prepararse y enfrentar en revancha al mismo Cotto. Mi punto de vista es sencillo: es una pésima idea.
Que Óscar de la Hoya manifieste que el gusanito del boxeo le está hablando al oído, que cada mañana escucha el canto de las sirenas, que siente la necesidad de meterse al gimnasio a golpear aparatos con la idea, todavía no aterrizada, de combatir profesionalmente, pues dice tener cifras de 50-50 para sí volver o para no hacerlo, me parece bien, ya que cada persona, insisto, tiene el derecho de hacer de su futuro y vida personal lo que le venga en gana, pero qué culpa o pecado paga el boxeo profesional y sus aficionados para tener que soportar que una exfigura de los cuadriláteros desee presentarse de nuevo y, de esta forma, provoque otro circo mediático insoportable, mezclado con el ambiente surrealista y de dinero que creó Floyd Mayweather.
Óscar tiene 42 años de edad y casi siete años de no combatir, pero también quiere aprovechar su grandeza anterior para intentar seducir a muchos aficionados a comprar un boleto o pagar el PPE, en un retorno no necesario que provoca rechazo inmediato. Mencionan como posibles rivales a Golovkin o bien a Mayweather, que busca una pelea para saldar el compromiso que tiene con la empresa televisora Showtime y una montaña de dinero. Es decir, el negocio por encima del respeto al aficionado al boxeo, y que muestra los mismos elementos de la pelea contra Pacquiao, ¿otra vez la pelea del siglo? Se deja sentir un olor fétido. El boxeo no lo necesita ni lo merece…
