Adiós al ganar, gustar y golear

Si tomamos en cuenta que Brasil no llega a la final del campeonato mundial desde 2002, que Francia lo hace por tercera vez en las recientes seis ediciones, que cuatro de los últimos cinco campeones quedaron eliminados en la fase de grupos, que desde 1998 tres nuevas ...

Si tomamos en cuenta que Brasil no llega a la final del campeonato mundial desde 2002, que Francia lo hace por tercera vez en las recientes seis ediciones, que cuatro de los últimos cinco campeones quedaron eliminados en la fase de grupos, que desde 1998 tres nuevas selecciones se presentaron en el encuentro decisivo por primera vez, que no hay un bicampeón desde 1962, que tres de los siete vencedores (Uruguay, Inglaterra y Argentina) no logran ganar alguno de ellos otro cetro desde 1986, entonces no se ve por ningún lado un campeonato sorpresivo, sino, al contrario, la confirmación de los nuevos tiempos que arrojan una mejor competitividad.

Ya desde los tiempos de Bobby Charlton, en 1966, los jugadores llegaban a la final de la Copa del Mundo con al menos 50 partidos, ahora son un poco más, pero, básicamente, el agotamiento radica en el desgaste físico del choque en lo que antes eran llanuras para lucir una técnica individual de los líderes que ahora son exprimidos, marcados y golpeados.

El Mundial Rusia 2018 ha confirmado que el futbol moderno depende de un equipo capaz de coordinar juego de conjunto, en bloques, construyendo una barrera de apoyo de atrás hacia adelante, y con mucho orden, dejando a los débiles los errores; como sucedió con México, Francia y Croacia, tienen los argumentos futbolísticos para pelear por el título, y el hecho de que los grandes se hayan rezagado una vez más, no quita a ninguno esos merecimientos.

La Copa del Mundo le pone un hasta aquí a esos titulares desgastados de ganar, golear y gustar. Es la jubilación de las propuestas ofensivas, que únicamente lucen contra los débiles y cuyos sermones se tragan las mentes frágiles que quieren copiar el protagonismo. No hay mayor respeto al balón que saber qué hacer con él, no jugar alegre como lo hizo México frente a Suecia, olvidando lo que días antes había realizado ante Alemania, cuyas características fueron enviar el balón lo más lejano posible de la portería, no exponerlo en la parte baja, aprovechar cuando menos una oportunidad y no cometer errores. Eso mismo hacen los galos y croatas, fortalecidos, claro, con una plantilla de jugadores que son capaces de guardar concentración durante el tiempo que se juegue.

En las últimas siete finales, a partir de 1990, se han anotado solamente diez goles, tres en tiro de esquina, dos de penal, uno en contragolpe, otro por error del portero y dos en tiempo extra. En Rusia 2018 se estableció nueva marca de once autogoles para llegar a una cifra total de 49, ninguno de ellos en una final, y el 50 podría, incluso, decidir el campeonato.

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