Sufren con ley de gravitación
La efervescencia en el balompié mexicano dura muy poco y al paso del tiempo se derrumban las ilusiones por el poco peso específico que tienen los reglamentos y el profesionalismo entre la familia futbolística. Ahí están las pruebas de lo que habíamos afirmado hace ...
La efervescencia en el balompié mexicano dura muy poco y al paso del tiempo se derrumban las ilusiones por el poco peso específico que tienen los reglamentos y el profesionalismo entre la familia futbolística. Ahí están las pruebas de lo que habíamos afirmado hace tiempo, ni Javier Hernández y mucho menos Raúl Jiménez, cambiaron de aires en la apertura invernal de registros en las ligas europeas, todo por haber estado inscritos en dos equipos durante la presente temporada, por lo que ya no podían jugar en una tercera escuadra como muchos deseaban, recordando que el Chicharito participó en unos partidos con el Manchester y Raúl con el América, antes de que ambos partieran a Madrid.
A fines de año se anunció con bombo y platillo la incorporación de Edgardo Codesal como director del área técnica de la Comisión de Árbitros, y como lo anticipamos, con él no iban a cambiar muchos las cosas, y la polémica continúa, mucho menos por tratarse de un personaje que en su época como silbante activo nunca convenció con sus arbitrajes a una mayoría de directivos y jugadores, incluso a nivel internacional recordando su trabajo más cuestionado en la final del campeonato mundial de 1990, en el que tampoco se llevó las palmas de la prensa y mucho menos de la
selección de Argentina.
Los clubes también están sujetos a la ley de gravitación universal. Los últimos que cayeron por su poco peso fueron Cruz Azul en el Mundial de Clubes, donde cumplió la peor actuación de un equipo mexicano en dicha competencia, y el Morelia, que se convirtió en el cuarto conjunto eliminado de manera consecutiva en la primera ronda de la Copa Libertadores. Desde que Jaguares de Chiapas derrotó al Alianza de Lima en la reclasificación de 2011, desfilaron los Tigres, la fabulosa fiera de León y los Monarcas en las dos recientes. Lo más humillante es que fueron ante Unión Española, Deportes Iquique, Independiente de Santa Fe y The Strongest, respectivamente, clubes que pertenecen a Chile, Colombia y Bolivia, que según están por debajo del futbol competitivo que se desarrolla en México, pero luego, el presidente de la Liga MX y la opinión pública se ofenden porque la IFFHS clasifica al campeonato mexicano más allá del décimo lugar entre las mejores ligas del mundo.
Los chambistas que opinan, comentan, critican y luego abandonan el micrófono para aceptar un puesto directivo o hasta de entrenador, pero al poco tiempo, sus propuestas se vienen abajo al ser presa de sus propias palabras, los corren o renuncian, y pese a perder credibilidad, no falta el medio de comunicación que sin contemplar un sistema de evaluación que toda empresa seria y competitiva realiza con sus empleados, los contratan como si tuvieran el profesionalismo y la preparación académica que debe tener un comunicador o un líder de opinión.
El futbol mexicano no está diseñado para mejorar y mucho menos para evolucionar. Toda la culpa es del sistema de competencia o del arbitraje. Casi nadie se da cuenta que forman parte del problema con una opinión limitada, una directriz cuyo único objetivo es el económico, una estrategia para conservar el puesto y un plan de entrenamiento que tienen por objetivo competir físicamente sin mejorar la capacidad técnica, mental y educativa del futbolista.
