Pega y soba... pero vuelve a pegar
#PrimeraNETA. Y cayeron en la tentación. Se movieron las aguas, y de la noche a la mañana, “influencers”, medios de comunicación, y un buen puño de compañeros periodistas deportivos, decidieron comenzar a hablar de Miguel Herrera. Para bien, evidentemente. La ...
#PrimeraNETA. Y cayeron en la tentación. Se movieron las aguas, y de la noche a la mañana, “influencers”, medios de comunicación, y un buen puño de compañeros periodistas deportivos, decidieron comenzar a hablar de Miguel Herrera. Para bien, evidentemente. La que estamos viendo es una campaña de amigos y dinero. Cuesta. Si, de pronto, usted empieza a ver una marca de coches anunciada en varios canales, en historias de Insta, en tuits, en spots, y demás, es porque esa marca de coches primero ha deseado, y después ha decidido que se hable de ella; ha pagado por ello. Lo mismito sucede con Herrera, pero anunciarlo debería de estar prohibido, porque no es un buen producto, no abona. Miguel es una especie de “producto milagro”: la mayor parte de lo que promete es mentira, hay pruebas de eso. Miguel Herrera es como “los sanadores de la fe”: aseguran curar el cáncer a través de la línea telefónica. Miguel ha dado claras muestras de encarnar todo aquello que no se quiere para un fútbol mexicano que hoy, está más herido que nunca.
#SegundaNETA. Miguel Herrera es indisciplinado. Siempre tiene una excusa. Es un desequilibrado. Pateó, en el suelo, a un aficionado. Llamó públicamente “puto” a un árbitro. Golpeó, en Zapopan, al inspector autoridad. Terminó en los separos.
Miguel Herrera pega y soba, pero siempre vuelve a pegar. Golpeó a un periodista mexicano. Usó al TRI para ayudar al PVEM a violar la ley electoral.
Si alguien no merece dirigir a la selección nacional mexicana es Miguel Herrera.
#NETASextras. El Piojo tiene dos enormes puntos a su favor. Primero: es, de calle, el que más spots vende, y eso le gusta mucho a la FEMEXFUT.
Segundo: cuando tiene que hacerlo, obedece. Con Miguel, un rotundo “no”, puede cambiar fácilmente por un terso: “sí, señor”.
