Las pasiones, el silencio
El silencio no es un asunto de clases sociales, es un código, es templanza, pero, sobre todo, es madurez.
#PrimeraNETA
El silencio suele ser caro por valioso y escurridizo, por difícil de conseguir. No se oferta en el tendajón de la esquina, y está reservado para unos cuantos. Disponible siempre para aquellos que tienen, y que han mostrado, una dosis de clase y categoría superior a la del resto, y claro, para aquellos a quienes se les ha revelado a tiempo y en forma, como una herramienta sutil, útil, y poderosa. Que no se piense que el silencio es un asunto de clases sociales, qué va. El silencio es un código, es templanza, pero, sobre todo, es madurez. Para entender con claridad el fondo, y la trascendencia del silencio, resulta muy últil recibir un “catálogo” con ejemplos que describan la forma en que debe utilizarse, catálogo que generalmente se reparte en casa, en familia. El silencio se mama en casa; el silencio es discreción y mesura; es compostura y tacto… educación y seso. Alexis Vega y Cristian Calderón han fallado de forma grosera. Les fallaron a todas esas personas que, aparentemente, son importantes para ellos: sus hijos y esposas, la afición chiva, sus patrones y patrocinadores… les fallaron a todos. Y, por si su error no fuera lo suficientemente grande, cargan, además, con la desgracia de que nadie, nunca, les habló de silencio y de mesura.
#SegundaNETA
Vega y Calderón han demostrado que sirven para poco más que patear con cierta clase un balón de futbol; pero la verdad es que cualquier pendejo puede jugar bien al futbol. Aquí la cosa es tratar bien a la pelota y, además, poseer todo lo que resta: disciplina, educación, respeto y el casi infinito etcétera que precederá a estas tres cualidades. Y tenerlo todo es como entender el significado y el uso del silencio: está destinado sólo para unos cuantos.
#NETASextras
Pauno ayer expresó su ímpetu por salir del problema que acarrea su equipo: “Quiero volver a sentir esta unión, emoción y la pasión entre todos”. Toca ahora que sus incipientes pupilos logren vencer sus bajas pasiones, sus instintos carnales horas antes de jugar un partido de futbol.
