Entre polvo, memoria y pantallas
#PrimeraNETA Estamos en Torreón, Coahuila, aquí donde dicen la tierra venció al desierto. A pocos metros del TSM, Territorio Santos Laguna, el papel tapiz de su oficina ha sido reemplazado por pantallas y ventanas digitales. Ahí analiza datos y mueve monedas virtuales, ...
#PrimeraNETA
Estamos en Torreón, Coahuila, aquí donde —dicen— la tierra venció al desierto. A pocos metros del TSM, Territorio Santos Laguna, el papel tapiz de su oficina ha sido reemplazado por pantallas y ventanas digitales. Ahí analiza datos y mueve monedas virtuales, con la misma precisión con la que Benjamín Galindo surtía pases de gol a Jared Borgetti y Gabriel Caballero a mediados de los años 90.
Recuerda su infancia: tenía apenas 11 años y el reloj marcaba el mediodía, cuando ya hacía fila para conseguir lugar en Sombra Norte del viejo Estadio Corona. Cuatro horas más tarde, Arturo Brizio pitaría el inicio de la final del Invierno 1996. Minuto 82: Nico Ramírez, mal marcado, puso como con la mano el balón en la testa de Jared. Era el 4-2, el primer campeonato de Santos Laguna. Nicolás Navarro, desquiciado, pedía fuera de lugar… pero ya era tarde: la locura se había desatado. Esos son los recuerdos más valiosos del equipo de sus quereres.Hoy ya no va al estadio: “ya no vale la pena, ya no compiten”, dice.
#SegundaNETA
Es verdad: hoy en #Molelandia no todos compiten. Los que compiten son cinco o seis equipos —los que invierten en serio—: América, Tigres, Rayados, Toluca y Cruz Azul. Un puñado más funciona como animadores: Pachuca, Pumas, Chivas, San Luis y Atlas.
Estos “animadores” podrán colarse de vez en cuando a una semifinal… y ahí termina la historia. Y están también los equipos desecho: Puebla, Gallos, Juárez y Mazatlán. Éstos existen por dos motivos: primero, porque sin ellos no habría liga, es decir, se necesitan para completar las jornadas, 11 contra 11. Segundo, porque generan negocio con los derechos de transmisión, que son valiosos para las televisoras; viven de enfrentarse a los grandes. Si en la Liga MX sólo jugaran “desechos” y “animadores”, ni sus madres los patrocinarían.
La falta de competencia ha matado a #Molelandia. Y esa falta de competencia tiene nombre y apellido: Descenso Irarragorri. Alejandro Irarragorri promovió la desaparición del descenso, compró al Atlas, colocó a Iñigo Riestra al frente de la Comisión de Arbitraje —hermano de José Riestra, presidente del Atlas—. Después, llegaron las decisiones arbitrales que rayaron en lo vergonzoso: el bicampeonato del Atlas. Más tarde vino la desinversión, para pasar de equipo competidor a animador, y luego a deshecho.
#NETASextras
En esta tierra que venció al desierto, también se venció la competencia. Se abolió el descenso, se abrió la puerta a la compra de islas, de clubes, de decisiones dudosas y de una opacidad que apena. Y así, entre polvo, memoria, pantallas y descenso, Molelandia perdió el espíritu del juego que alguna vez la hizo grande.
