“Como 3 millones de dólares”

#PrimeraNETA La que sigue, es una historia de Instagram vacía y estúpida, como la gran mayoría de las historias que circulan en esa red social. Un extraordinario preparador físico es el dueño de la cuenta: Raúl Arreola. En esa historia de Insta, se ve a Raúl ...

#PrimeraNETA

La que sigue, es una historia de Instagram vacía y estúpida, como la gran mayoría de las historias que circulan en esa red social. Un extraordinario preparador físico es el dueño de la cuenta: Raúl Arreola. En esa historia de Insta, se ve a Raúl claramente estimulado, emocionado, al interior de una oficina lujosa, con un entrevistado que es ídolo de millones de mexicas. Se tendría que decir: “Con un lujo de invitado: Saúl El Canelo Álvarez”. Y arranca Raúl: “El día de hoy estamos con El Canelo y nos va a decir ¿cuánto cuesta su outfit?” (o sea, lo que trae puesto). Y Saúl se arranca: “Zapatos, unos mil dólares, este outfit unos cuatro mil, cinco mil dólares; pulseritas Van Cleef, entre todas, unos cien mil dólares. Relojito de dos punto cinco millones de dólares; gafas LV, mil quinientos dólares”.

       Después de acabar con las cuentas, El Canelo voltea a verse de pies a torso y sonriendo remata: “Como tres millones de dólares”. “Algo fresco”, finaliza @rulasarreola.

    El poder dañino y desnaturalizado de las redes sociales ha sembrado entre muchos de sus usuarios (entre los más idiotas, que son mayoría) un muy triste sentimiento de tener que alcanzar los estatus y estilos de vida que se encuentran al scrollear la pantalla de su móvil. Que alguien les diga que no es así. Que alguien les diga que no se necesita llegar a tener un reloj de 45 millones de pesos, para ser alguien querido, respetado y respetable.

      Que alguien les diga que El Canelo es respetable por lo que hace arriba del ring. Que alguien le diga a esta masa idiotizada, que no debe sentir culpa por no portar una  pulserita de dos millones de pesos, que no tenerla no es sinónimo de fracaso. Que no se sientan menos.

#SegundaNETA

La felicidad no está geolocalizada, ni se encuentra en Beverly Hills ni en el último Oyster Perpetual de Rolex, y contrario a lo que opina el presidente López Obrador, portar un Richard Mille no tiene nada de malo si ha sido ganado con dinero bien habido, como aparentemente es el caso de El Canelo.

#NETASextras

Y, alguien, claro, debería de susurrarle a Saúl que no está la Magdalena para tafetanes, que no es necesario ese tipo de historias; que recuerda mucho a la Christina Onassis de Joaquín Sabina, aquella que “era tan pobre, que no tenía más que dinero”.

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