Ileso (II)

• Watkins inició en el deporte motor gracias a su enorme pasión por éste. En mi anterior colaboración les relataba del mi­lagroso momento en el que el volante de origen chino de Fórmula 1, Zhou Guanyu, resultaba ile­so después de voltearse, recorrer una infinidad ...

• Watkins inició en el deporte motor gracias a su enorme pasión por éste.

En mi anterior colaboración les relataba del mi­lagroso momento en el que el volante de origen chino de Fórmula 1, Zhou Guanyu, resultaba ile­so después de voltearse, recorrer una infinidad de metros hasta llegar a golpear la barrera de llan­tas y de ahí salir proyectado contra la malla pro­tectora, insisto, escenas espeluznantes y, a la vez, milagrosas.

La gran evolución de los vehículos y circuitos de la máxima categoría del deporte motor ha te­nido muchos heroicos nombres en su gran desa­rrollo, pero estoy seguro que ninguno ha aportado tanto en el tema como el finado médico neuro­cirujano de origen inglés Sid Watkins, un héroe desconocido para la gran y creciente afición a los autos de nuestros días.

Watkins inició en el deporte motor gracias a su enorme pasión por éste, se desempeñó como mé­dico delegado desde finales de los años 70 hasta el 2004, falleciendo a los 84 años en el 2012.

Cariñosamente se le conocía en el medio como el profesor Sid, famoso por sus acertadas cirugías y diagnósticos neurológicos, alternaba su afamada carrera médica con su gran pasión, la seguridad de los pilotos, lo que le llevó, de la mano del manda­más de ese tiempo en F1, Bernie Ecclestone, a pugnar por avances en la tecnología de los autos, en las medidas de protección, cuestión que por mucho tiempo le llevó a rivalizar con los propie­tarios de los equipos, pues no siempre estaban de acuerdo con las medidas de seguridad que incre­mentaban los costos.

Su injerencia en el gran circo automotor le llevó hasta ser nombrado presidente del comité de seguridad de la Federación Internacional de Automovilismo, con sede en el corazón de Pa­rís, organismo que fue creado ante las trágicas muertes de Ayrton Senna da Silva y Roland Ratzenberger, en 1994. Recuerdo algunas bue­nas pláticas con el querido y añorado médico mexicano Francis Martínez Gallardo, que al­ternaba su profesión con su otra faceta, la de pi­loto en nuestro país, lo que le llevó también a encabezar los servicios médicos de los grandes premios locales y, de ahí, los dos hicieron una buena amistad de la que el buen Francis se en­orgullecía y relataba algunas grandes anécdotas, como la del percance de Senna en el autódromo Hermanos Rodríguez y varias más.

Seguramente el piloto chino Guanyu no tenga muchas referencias de Watkins, pero muy pro­bablemente, cuando investigue más acerca de todos los avances tecnológicos y médicos para salvaguardar a los pilotos, tendrá en su corazón un muy especial agradecimiento para el profe­sor Sid.

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