Gran final
Escribo esta colaboración cuando está iniciando la gran final de la Liga Bancomer MX. Sin duda, se cumplió que los dos mejores equipos del torneo, Rayados y Tigres, llegaran hasta aquí, aunque lo que nadie sospechaba es que el clima sería gélido, y que, ...

Pablo Carrillo
La neurona
Escribo esta colaboración cuando está iniciando la gran final de la Liga Bancomer MX. Sin duda, se cumplió que los dos mejores equipos del torneo, Rayados y Tigres, llegaran hasta aquí, aunque lo que nadie sospechaba es que el clima sería gélido, y que, definitivamente, se convertiría en un factor que puede cambiar el rumbo, pues nadie esperaba una noche con aguanieve y con temperaturas prácticamente cerca del punto de congelación.
Como ustedes saben, se hizo un gran esfuerzo de parte del gobierno del estado de Nuevo León para que la transmisión se abriera y pudiese ser vista a través de la televisión pública. Supongo que esos 15 millones de pesos pudieron haberse empleado mejor para otras cosas, pero pues ya sabemos que el gobernador de esa entidad está en plena campaña, en sus sueños de opio de llegar hasta la Presidencia de la República.
Cambiando de tema, y centrándonos en lo que a nosotros nos atañe, me parece que se presenta la gran oportunidad de que el deporte demuestre de lo que es capaz, socialmente hablando. Vivimos tiempos muy complicados, vivimos tiempos de una gigantesca descomposición social y para dónde volteemos y por dónde nos informemos a diario, las historias de terror que nos llegan de toda la República Mexicana parecen multiplicarse vertiginosamente sin tener fin.
Una vez más, el deporte puede significarse como esa valiosa herramienta para restituir, en la medida de lo posible, el dañado tejido social, ojalá que esto así suceda, que la gran final sea la oportunidad de exhibir a todo el país, no sólo a la ciudad de Monterrey, la capacidad de convivencia en paz, a pesar de la rivalidad deportiva y la capacidad de que unos y otros con diferentes aficiones puedan estar en un mismo recinto con respeto. No perdamos de vista que no es una guerra ni se juega el honor de la patria; sencillamente, señores, es un juego de futbol.
Han dicho las autoridades de Nuevo León que van a tomar cartas en el asunto y que pondrán mano dura a los rijosos que pretendan ensuciar y desordenar la final, con la advertencia de que irán a la cárcel. Ojalá que así sea. Ojalá que no haya manifestaciones de violencia. Ojalá que el deporte vuelva a servir para tratar de poner un poco de orden y paz en la muy dolida y dañada sociedad mexicana.
Francamente, da mucho gusto el que dos equipos que han hecho las cosas muy bien desde la administración, y que han tenido enormes cantidades de millones de dólares disponibles para traer jugadores de gran valía, estén en este momento jugando la gran final. Espero que este esfuerzo que han hecho las autoridades de los dos equipos florezca en un gran título para el que más lo merezca.
Una vez más, debemos reflexionar en un tema que a todos nos preocupa y ocupa, me refiero a la pérdida de balance y a la exagerada cantidad de jugadores extranjeros que permite el futbol mexicano. Me parece ilógico que en una final tengamos equipos jugando con tan sólo dos o tres jugadores nacionales por equipo.
Que gane el mejor...