Del pesar a la esperanza

Evidentemente que nadie puede ocultar el enorme pesar por la muy delicada y triste situación en la que se encuentra involucrado el ícono del futbol mexicano Rafa Márquez, sin duda, uno de los estandartes del deporte más popular de nuestro país y que había logrado ...

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Evidentemente que nadie puede ocultar el enorme pesar por la muy delicada y triste situación en la que se encuentra involucrado el ícono del futbol mexicano Rafa Márquez, sin duda, uno de los estandartes del deporte más popular de nuestro país y que había logrado estructurar una intachable carrera dentro y fuera de las canchas.

Las noticias siguen llegando y cada vez la situación es más compleja para el nacido en Michoacán y formado en el Atlas, desde donde se catapultó al balompié europeo en el Mónaco, a donde llegó sin saber hablar francés y, más adelante, para brillar en una de las mejores eras del Barcelona.

Recuerdo que en 2001 tuve el gusto de viajar a Francia para cubrir periodísticamente la exitosa campaña en ruedos europeos de Eulalio López Zotoluco, que triunfaba prácticamente en todas las tardes en las que le anunciaban con los toros de la mítica ganadería de Miura. Aprovechando que el torero de Azcapotzalco toreaba en Nimes y ya estando cerca de Mónaco, contactamos, Paco Morales y yo, al gran defensa del equipo monegasco para manejar por el sur del país galo hasta llegar al principado y pasar todo un día a su lado.

Honestamente que quedé maravillado por la humildad del defensa del seleccionado nacional, que nos gestionó estar durante toda la mañana en las instalaciones del AS Mónaco, incluso tramitó una entrevista con su compañero, el afamado argentino Marcelo Muñeco Gallardo. De ahí nos fuimos a comer y a visitar los bellos lugares de Montecarlo, sin dejar de pasar por el famoso casino al que Rafa nos acompañó, pero evitó jugar siquiera una mano de Black Jack, pues su contrato no le permitía participar en juegos de azar. Nos despedimos en la noche agradeciendo su gran hospitalidad y camaradería.

Ya entrada la noche y manejando de regreso, durante algo así como 300 kilómetros, unas tres horas y media, Morales y yo dialogábamos del gran tipo que era Márquez, su evidente educación y sencillez, así como lo desenvuelto que era en un lugar en que había vivido si acaso un par de años y, sobre todo, lo fluido que hablaba francés, como si hubiera estado ahí algunas décadas.

Desde entonces y por algunas razones más, le he admirado profundamente, por lo que deseo que salga bien librado del Miura, que ahora tiene que lidiar, como lo hacía el Zotoluco exitosamente en los inicios del presente siglo. Dudo mucho que Rafa tuviera pleno conocimiento del oscuro personaje con el que hoy se le acusa de estar asociado.

Ojalá…

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