Balance positivo

Casi un mes después de haber salido de casa, hoy aterrizamos en San José, un poblado de California ubicado a 67 kilómetros del centro de San Francisco. Aquí estamos lejos del bullicio, la mayoría de los comercios cierran temprano y para nosotros, que estamos ...

Casi un mes después de haber salido de casa, hoy aterrizamos en San José, un poblado de California ubicado a 67 kilómetros del centro de San Francisco. Aquí estamos lejos del bullicio, la mayoría de los comercios cierran temprano y para nosotros, que estamos acostumbrados al caos, esto se vuelve muy aburrido.

El principal atractivo es el nuevo escenario de los 49ers de San Francisco. Uno de los escenarios deportivos más modernos de Estados Unidos. Con palcos de lujo y tecnología de punta; con un terreno de juego natural, que habitualmente luce en perfectas condiciones.

Ahí tenemos una cita el próximo sábado, cuando la Selección Mexicana cumpla con su compromiso de cuartos de final. Llegamos a la instancia de matar o morir, de jugarnos todo en 90 minutos. Llegamos ya a esa etapa en donde está prohibido guardase algo, es el momento, para cada uno de los que consiguió el boleto, de confirmar de qué están hechos.

Pero antes de entrar al análisis de lo que será la siguiente fase, primero me parece importante hacer un corte de caja y analizar lo que nos ha dejado la etapa de grupos. Con lo bueno, lo malo y hasta lo feo que nos ha presentado el tricolor. Para mí, con sus destellos e irregularidades, México tuvo una primera fase aceptable. Con pros y contras naturales de cualquier torneo corto como éste.

Lo mejor para mí fueron el primer tiempo contra Uruguay y el segundo contra Venezuela. En estos dos capítulos nos encontramos con una selección apabullante, que siempre buscó la tenencia del balón y encontró variantes suficientes para llegar al último tercio de la cancha y así hacerle daño al rival.

En ambos partidos destacó la buena capacidad de respuesta. A pesar de que en los dos juegos recibió gol, supo de buena forma reponerse al mal momento y, con base a coraje y calidad, resolvieron el problema.

A lo largo de los tres partidos, me gustó la intensidad, ese ritmo de juego que los convirtió en un equipo dinámico y explosivo. Todos entendiendo las necesidades del momento. Si se requiere recuperar el balón, todos cumplen con el esfuerzo y, a la hora que se tiene el mismo, hay ideas suficientes para manejarlo de forma correcta.

Otro de los puntos favorables o que más me gustó en esta etapa, fue la solidez que mostraron los tres porteros. Cada uno con intervenciones destacables que terminaron influyendo en los resultados finales.

De los detalles a trabajar debemos considerar el daño que sigue haciendo el balón parado. Los dos goles recibidos se producen de la misma manera y eso me parece que tiene mucho que ver en cómo se está planteando cada partido a nivel defensivo.

De lo peor que le vi a este Tricolor fue el partido contra Jamaica y no todo, porque hubo lapsos rescatables. Cuestionaría concretamente la imprecisión a la hora de salir jugando y la poca creatividad cuando se pisó el último tercio de la cancha.

Espero que se haya aprendido de todo lo anterior, no tengo duda de que con lo estudioso que es el cuerpo técnico, ya están trabajando en cada detalle para que el sábado, en Santa Clara, California, no falle absolutamente nada y así sigamos pensando en Chicago como siguiente destino.

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