Sueño posible

Las calles de Bakú fueron una vez más el escenario perfecto para que Sergio Pérez viviera el mejor fin de semana de su carrera. El tapatío se lució a bordo de su monoplaza, conquistando las dos pruebas celebradas el fin de semana en la capital de Azerbaiyán. Con tres ...

Juan Carlos Veraza

Juan Carlos Veraza

El deporte por nota

Las calles de Bakú fueron una vez más el escenario perfecto para que Sergio Pérez viviera el mejor fin de semana de su carrera. El tapatío se lució a bordo de su monoplaza, conquistando las dos pruebas celebradas el fin de semana en la capital de Azerbaiyán. Con tres días de maestría en su Red Bull, el veterano piloto ha logrado no sólo recortar las diferencias en puntos con respecto a su coequipero Max Verstappen, también dio un golpe de autoridad en la mesa, mostrando que, si evita errores y distracciones, no es imposible, como parecía al principio de la campaña, pensar en que llegue a las últimas fechas de la temporada de Fórmula Uno, con posibilidades de pelearle al neerlandés el campeonato del mundo.

Hasta ahora, tras cuatro fechas disputadas, ha enseñado ser un piloto inteligente, capaz de superar momentos complicados (como el ocurrido en Australia), y con un control impecable del auto; para muestra lo que hizo durante los tres días que la máxima categoría del deporte motor estuvo en Bakú. Ahí logró que el sábado fuera uno para el recuerdo, con su triunfo en la carrera Sprint, para luego, el domingo, seguir con su dominio de esas calles que se han convertido en uno de los lugares en donde más cómodo se siente, dejando atrás a sus rivales, con grandes momentos como el rebase a Charles LeClerc, al que superó, para asumir el liderato que no perdería, nada que el resto de los pilotos de la parrilla (incluyendo el bicampeón mundial) pudiera hacer para evitar la sexta victoria en Fórmula Uno para Pérez, y que, sumando esos puntos a los conseguidos en la sesión sabatina, lo han colocado a tan sólo seis unidades del líder de la competencia.

Pero lo hecho hasta ahora por Checo no va únicamente de la mano de lo que hace en los fines de semana de carrera, también importa lo que ocurre fuera de las pistas, en donde la madurez ha sido fundamental, dejando atrás los nubarrones provocados por las controversias alrededor de la escudería austriaca: los dimes y diretes, las supuestas diferencias con Christian Horner, las declaraciones de Helmut Marko y lo hecho por su coequipero y su padre. Así como no prestando atención al ruido exterior, provocado por algunos medios de comunicación, comentaristas y aficionados, que, durante la estancia del nacido en Guadalajara en Red Bull, han vivido de crear polémica, y de insistir en que hay una “conspiración” en su contra, magnificando cada detalle, hasta grados ridículos, como analizar el abrazo que se dio el domingo con el polémico Marko.

Por fortuna, a él, todo eso poco le ha importado, entendiendo a tiempo, que nada positivo sale de eso, y que, si existen discusiones en las redes sociales, no le aportan nada a su objetivo de pelear por el campeonato. Su confianza está por las nubes, y desde la victoria dominical, no ha dejado de gritar a los cuatro vientos que puede pelear por el título. De continuar como hasta ahora, la posibilidad existe, y, aunque Max sigue siendo el favorito, soñar no cuesta nada.

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