Regresar la fe
Llegó el fin de una era en el arbitraje mexicano. Tras cinco años al frente de la comisión encargada de los silbantes en la Liga MX, Arturo Brizio dio un paso al costado. Así finalizó su pobre labor, a la que llegó con altas expectativas y, claro, con una difícil ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Llegó el fin de una era en el arbitraje mexicano. Tras cinco años al frente de la comisión encargada de los silbantes en la Liga MX, Arturo Brizio dio un paso al costado. Así finalizó su pobre labor, a la que llegó con altas expectativas y, claro, con una difícil encomienda, ya que cuando arribó al puesto, se pensaba que podía traer de regreso la estabilidad y respetabilidad a los árbitros en nuestro país, pero eso no sucedió, en cambio, su trabajo culmina con más dudas que certezas.
Brizio es considerado por muchos el mejor arbitro en la historia del futbol local, un juez capaz de calmar a los más exaltados, de poner orden en la cancha, de saber dialogar cuando era necesario y regañar, si la situación lo ameritaba; estuvo en los grandes eventos, dirigiendo grandes partidos y a grandes jugadores. Por ello, además de su carisma, parecía la opción más inteligente para dirigir una comisión que lleva años de haber perdido el rumbo, sin poder generar árbitros de alto nivel, capaces de poder encargarse de los juegos de las categorías de mayor importancia del futbol en México. Pero eso no ocurrió, conforme pasaron los años, fue evidente que el problema continuaba, y que ni alguien con sus conocimientos pudo solucionar un problema de raíz, que crece y crece sin parar.
El otrora famoso arbitraje mexicano, con representantes de gran calidad, ha entrado en un agujero negro del que parece no hay salida. Claro que antes también existían problemas, y malos árbitros, que surgieron teorías sobre el favoritismo de los silbantes a ciertos equipos o jugadores, nada en esa parte tan importante del futbol es perfecta, pero lo que ha venido sucediendo en los últimos años es muy preocupante.
El supuesto mejor árbitro de la actualidad, el mundialista César Arturo Ramos, por cierto, próximamente doble mundialista, va de mal en peor, incapaz de crecer, ha ido en regresión, así como les sucede a los futbolistas que se suben a una nube; el consentido de la comisión se ha olvidado que una cosa es llegar y otra es mantenerse, y él se ha mantenido más por fama que por calidad. Y si quien te va a representar en Qatar, comete errores constantemente en cada actuación, ¿qué esperar de los que están por “debajo” de él en jerarquía? Eso queda en evidencia, con silbantes mal preparados, en muchas ocasiones, mal ubicados en la cancha, con criterios dispares de la misma jugada en el mismo partido, dispuestos a solucionar todo a tarjetazos y regañando; en ocasiones, incapaces siquiera de tomar sus propias decisiones, adoptando una posición comodina ante la ayuda que el VAR les da, prefiriendo no marcar aun si están a unos pasos, esperando la llamada por el audífono.
Brizio no supo solucionar nada, consintiendo a ciertos elementos, defendiéndolos a capa y espada, nunca hubo autocrítica, y eso no es conducente a nada positivo.
Quien tome su lugar tiene una misión muy complicada, tendrá que generar nuevo talento mucho mejor capacitado que los actuales, y deberá regresar la fe en un gremio que hoy está manchado.