Producto a la baja
El futbol mexicano no vive su mejor momento, esto es indudable, y en esta columna he expresado en múltiples ocasiones mi frustración ante tal situación. Las malas decisiones tomadas por directivos y dueños durante varios años le han restado competitividad tanto a la ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
El futbol mexicano no vive su mejor momento, esto es indudable, y en esta columna he expresado en múltiples ocasiones mi frustración ante tal situación. Las malas decisiones tomadas por directivos y dueños durante varios años le han restado competitividad tanto a la Liga MX como a la Selección Nacional, que vienen arrastrando varios fracasos, incluyendo el quedarse fuera en la fase de grupos, tanto en la última Copa Mundial como en la Copa América disputada este año en Estados Unidos.
Un factor importante para los malos resultados y para este declive en el nivel del torneo local es que la fase regular del mismo ha sido devaluada, ya que, con su fallido sistema de competencia, ha potenciado un futbol mediocre. La exigencia es mínima al contar con una liga en la que más del 50% de los equipos califica y sin descenso.
Los defensores de la Liga MX argumentan que ésta es muy competitiva y que, además, la liguilla es espectacular. La llamada fiesta grande del futbol mexicano es el estandarte para aquellos que insisten en que nuestro torneo genera mayores emociones que las ligas europeas, porque en esos certámenes la definición puede llegar temprano en la competencia; a diferencia de aquí, que se tiene una final para coronar al campeón.
No comparto esas opiniones porque incluso la liguilla tiene el terrible defecto de contar con la regla que permite al club mejor posicionado en la tabla avanzar en las semifinales y en los cuartos de final en caso de empate global, situación que no ayuda a mejorar el espectáculo, ya que un equipo puede ganar la eliminatoria sin siquiera anotar. Pero, más allá de eso, ni una definición con eliminatorias directas tras la fase regular garantiza mejor futbol.
Ahora, los directivos cometieron un terrible error al armar el calendario que llevó a que algunos equipos que calificaron pasaron casi tres semanas sin jugar, debido a que entre el final de la temporada y el inicio de la liguilla quedó en medio una fecha FIFA, que le cortó el ritmo a los jugadores. Eso trajo como consecuencia que el rendimiento en los duelos de cuartos de final fuera pobre. No contentos con devaluar la liga en su fase regular, ahora también le restaron a su llamada fiesta grande, logrando que lo visto en la cancha quedara lejos de lo deseado y perjudicando a los mejores equipos clasificados, que, salvo en el caso de Cruz Azul (que calificó in extremis ante Tijuana), vio al segundo, al tercero y al cuarto de la clasificación quedar eliminados en la primera instancia.
Habrá quien diga que se vivieron eliminatorias llenas de emociones, pero, yo lo que vi fue un nivel muy bajo en los ocho participantes, con duelos repletos de errores. No es sorpresa que los ratings de televisión y las entradas a los estadios van en picada, el consumo del producto futbol mexicano sigue a la baja y, si se siguen cometiendo errores, difícilmente esta tendencia va a cambiar.