Lecciones
Qatar está cada vez más cerca. A pesar de una complicada eliminatoria, el Tricolor se encuentra a un paso de su octavo Mundial consecutivo. El octagonal final ha resultado una aduana complicada para el futbol mexicano, con un rendimiento muy por debajo de lo que puede ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Qatar está cada vez más cerca. A pesar de una complicada eliminatoria, el Tricolor se encuentra a un paso de su octavo Mundial consecutivo. El octagonal final ha resultado una aduana complicada para el futbol mexicano, con un rendimiento muy por debajo de lo que puede dar.
Estos contratiempos son comunes, el pésimo manejo del balompié local conlleva consecuencias, entre ellas: una producción por debajo del óptimo talento local; el que ese talento encuentra poco espacio en los equipos de la Liga MX, y, por consiguiente, que el entrenador nacional tenga menos opciones de dónde escoger, para armar sus convocatorias. El sistema del futbol en México no está hecho para que la Selección sea potencia. Por ello, cuando se contrata a alguien como Gerardo Martino, los federativos, encabezados por Yon de Luisa, nos querían vender que el argentino era lo que faltaba para dar el siguiente paso, y ni El Tata (que por cierto ha quedado a deber en su cargo) ni nadie que llegue a dirigir al Tri, puede cambiar la realidad; aún si consigue calificar primero y después llevarlo al quinto partido, no cambiaría las cosas, un muy buen Mundial no quiere decir que ya estás en la élite, si no pregunten a Corea del Sur, Senegal, Turquía o Estados Unidos, sus apariciones en cuartos de final o semifinales no los colocaron ahí, eso conlleva años de un buen trabajo, algo que aquí no existe. Es por eso que no espero “milagros” de Martino, pero lo que sí espero es congruencia de su parte, que aproveche lo que hay, que no se deje llevar por intereses o por los blasones. Su necedad, poca visión, desconocimiento del futbol local o apatía lo han llevado regularmente a convocar a los mismos futbolistas, sin importar su actual momento, respetando demasiado la experiencia de aquellos que llevan meses sin rendir en el Tri, y que, con su bajo nivel, han complicado el pase a Qatar.
De aquí a noviembre falta tiempo, mucho puede cambiar, y si México califica, es posible que quienes hoy no andan bien, en ese momento lo puedan estar y puedan aportar lo que hoy no están dándole al equipo nacional. No habría estado mal, entonces, que jugadores que puedan ser, incluso, menos talentosos y, obvio, menos curtidos en las grandes justas, hoy podrían haberle dado una inyección de vitalidad al proyecto; jugadores que hubieran llegado con el hambre necesaria para afrontar los duelos eliminatorios, en lugar de quienes ya se “aburguesaron” y que saben que, sin importar su nivel, siempre van a ser convocados. No sobra el talento como en otros países, pero sí existen jugadores suficientemente buenos y con ganas de una oportunidad para haber evitado llegar, a falta de tres fechas del octagonal, sin el pase en la mano.
Ojalá que, si México avanza en la convocatoria final, pese no sólo el talento y la experiencia, que también sea de importancia llevar a aquellos que estén jugando a un alto nivel. Sé que es mucho pedir y dudo que suceda, pero sería bueno aprender de las lecciones del pasado.