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El tiempo no perdona, no hay escapatoria de él, todos estamos en una carrera contra el reloj desde el momento en que nacemos; con su paso nos hacemos viejos y las facultades que algún día tuvimos se van perdiendo. Esto es muy evidente en los atletas de alto ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
El tiempo no perdona, no hay escapatoria de él, todos estamos en una carrera contra el reloj desde el momento en que nacemos; con su paso nos hacemos viejos y las facultades que algún día tuvimos se van perdiendo. Esto es muy evidente en los atletas de alto rendimiento que, a pesar de ser personas jóvenes y de que en algunos casos logran mantenerse por mucho tiempo en la élite, eventualmente tendrán que enfrentar el retiro. Y ese día está por llegarle al fenomenal Roger Federer, que anunció la semana pasada que el fin está próximo, dejando un legado de éxitos y triunfos que lo colocan como uno de los deportistas de mayor impacto en la historia.
Su carrera ha sido maravillosa, pasando de ser un niño berrinchudo en su natal Basilea a ser el referente de su disciplina; a ser el hombre que superó el récord de Grand Slams de Pete Sampras, que en su momento parecía imbatible; a convertirse en el rey de Wimbledon y el tenista con el mayor número de semanas consecutivas como número uno del planeta.
Desde aquel 2001, cuando ganó el primero de sus 103 títulos ATP (segundo lugar histórico detrás de los 109 de Jimmy Connors) y cuando eliminó en el All England al ya legendario Sampras, dio muestras de su capacidad. Recuerdo ver ese duelo en la mítica Cancha Central con mi hermano menor y los dos pensamos que estábamos ante un futuro crack del tenis y el suizo no nos decepcionó.
Dos años después consiguió su primer Major en la capital inglesa, comenzando así un dominio del circuito profesional como pocas veces se ha visto. No sólo asumió el control del ranking ATP, también los grandes trofeos se quedaban en sus manos; entre 2004 y 2009 ganó 15 de los 24 Grand Slams en disputa, incluyendo 5 veces Wimbledon y 5 veces el US Open.
El impacto de su Majestad no sólo tiene que ver con los grandes triunfos, también va de la mano con su forma de jugar: con tanta gracia y clase, con su hermoso revés a una mano, sus voleas espectaculares, los fenomenales passings shots, su derecha precisa y letal; acompañado a sus virtudes como tenista, de un comportamiento ejemplar, sin marrullerías, lejos de conflictos con los rivales o los jueces, con declaraciones adecuadas una vez terminado el partido. Siempre fue un ejemplo a seguir, con su simpatía y humildad en la victoria o la derrota. Por ello, más allá de los títulos y el dinero ganado, Federer se convirtió en el referente del tenis y en uno de los deportistas más queridos y admirados; en donde se presentaba jugaba de local. En diciembre pasado, los fanáticos al tenis lo nombraron por decimonoveno año consecutivo el jugador de mayor popularidad en la ATP.
Hablando a título personal, es mi jugador favorito, nunca nadie en el tenis me ha despertado la pasión por ver un juego como él y dudo que alguien pueda lograr eso en mí otra vez. Seguiré disfrutando de este hermoso deporte y llegarán grandes jugadores, pero él siempre tendrá un lugar especial. Adiós, Roger, se te va a extrañar. Gracias por los grandes momentos.