Futuro incierto
Dos equipos de enorme tradición y arrastre popular de la Liga MX están sumidos en severas crisis, no sólo de juego y resultados, también de identidad. Tanto Pumas como Cruz Azul navegan sin rumbo fijo, perdidos en medio de un torneo que, de haber iniciado con ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Dos equipos de enorme tradición y arrastre popular de la Liga MX están sumidos en severas crisis, no sólo de juego y resultados, también de identidad. Tanto Pumas como Cruz Azul navegan sin rumbo fijo, perdidos en medio de un torneo que, de haber iniciado con altas expectativas, ahora se ha convertido en una pesadilla para todos los involucrados en ambos clubes, así como para las fieles aficiones, que hoy son objeto de burlas de los rivales tras escandalosos resultados.
Por el momento, las cosas no caminan para ninguna de las instituciones, que pueden agradecer jugar en una liga con un sistema de competencia mediocre que les permite a equipos con un torneo desastroso tener posibilidades de calificar.
La Máquina inició con el pie derecho el certamen y la Universidad daba esperanzas a sus fieles gracias a sus refuerzos, pero la realidad ha sido otra. La contratación de Diego Aguirre como técnico no ayudó a Cruz Azul a recuperar el nivel perdido el torneo pasado; la salida de Juan Reynoso por problemas con el director deportivo Jaime Ordiales desestabilizó a un plantel que también, poco a poco, fue siendo desarmado. Poco queda del equipo campeón de 2021. El estratega uruguayo nunca le agarró el modo a un equipo que es una coladera en defensa y que extraña a sus líderes del pasado.
A Cruz Azul le falta personalidad; también identidad, al tener pocos canteranos con papeles protagónicos en el equipo; le faltan extranjeros que rindan como en anteriores torneos. El medio campo, que fue la base del título, hoy no sigue en la institución, y los que llegaron no funcionan; adelante, desde el adiós de Jonathan Rodríguez no encuentran a ese referente de ataque que todo plantel necesita. Para acabar de arruinar las cosas, los refuerzos llegaron muy tarde.
Con los Pumas nada funciona, es cierto que el inicio no fue terrible, pero tampoco fue maravilloso, sólo seis puntos de doce posibles. Y una vez que llegó Alves todo se fue en picada, y no digo esto para decir que el brasileño es el culpable de todos los males que aquejan al equipo, no, él es parte del problema, todos los son: desde la directiva, pasando por el cuerpo técnico y llegando a todos los jugadores. Los extranjeros no responden, se extraña el liderazgo de Talavera y la defensa no da confianza; además, no tienen manejo de partido.
Andrés Lillini insiste en alinear a Alves todos los minutos y al brasileño se le nota la edad y la falta de pretemporada, necesita una mejor administración de sus participaciones para que pueda ser útil. Además, es necesario que el técnico se decante ya por un sistema que le permita aprovechar mejor el talento de los jugadores a su disposición.
Ambos clubes tienen tiempo para revertir las cosas, pero las señales no son positivas; las bondades del torneo ayudan, pero el tiempo se va y las oportunidades de cambiar su futuro se escapan.