Expuesto
Casi nueve años tuvieron que pasar, para que Saúl Álvarez volviera a perder una pelea; en aquella ocasión, un 14 de septiembre de 2013, el tapatío fue ampliamente superado por Floyd Mayweather. Desde aquella noche para el olvido en Las Vegas, El Canelo había ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Casi nueve años tuvieron que pasar, para que Saúl Álvarez volviera a perder una pelea; en aquella ocasión, un 14 de septiembre de 2013, el tapatío fue ampliamente superado por Floyd Mayweather. Desde aquella noche para el olvido en Las Vegas, El Canelo había conseguido acumular una importante cantidad de victorias, varios cinturones de campeón, y muchos elogios.
A pesar de dividir opiniones en cuanto a su capacidad, se convirtió en uno de los deportistas que mayores ingresos ha generado a nivel mundial; un imán de taquilla en la famosa ciudad en el estado de Nevada, así como un rotundo éxito vendiendo pagos por evento (PPE), principalmente entre la comunidad mexicana o mexicano-estadunidense. Para su combate del sábado, se llevó una bolsa de 53 millones de dólares, prueba evidente de su popularidad. No ha importado que le falte carisma, que muchos expertos cuestionen su habilidad adentro del cuadrilátero ni que, en más de una ocasión, sus rivales hayan sido considerados unos “bultos” a modo para el lucimiento del actual monarca mundial de los supermedianos.
Su fenómeno es fascinante, ya que son muchos quienes lo consideran más un producto de la mercadotecnia que un campeón legendario; sin importar que ha ganado cinturones en cuatro categorías diferentes, no existe un consenso sobre su capacidad. Al hablar de lo exitoso que ha sido, no hay duda de que los paisanos al norte de nuestra frontera han sido fundamentales con su apoyo; así como la Selección de futbol produce millones de dólares con partidos intrascendentes (como prueba el de una selección carente de figuras ante Guatemala en Orlando), El Canelo genera un sentimiento de pertenencia, por un instante, los nuestros en Estados Unidos encuentran en su ídolo la manera de sentirse cerca de casa. De nuevo ese arrastre propició una gran expectativa para su combate ante el invicto campeón semipesado, Dmitry Bivol.
Durante los 12 rounds, el ruso dejó en evidencia algo que yo ya había externado en Palabra del Deporte, Álvarez está lejos de los mejores boxeadores que ha dado México, tiene deficiencias, principalmente a la defensiva, algo que el ruso aprovechó para utilizar el jab de izquierda a placer, y así seguir con múltiples combinaciones; incluso se le vio falto de aire en los llamados rounds de campeonato. Nunca encontró respuestas ante un púgil que no le tuvo el respeto de otros y que marcó el ritmo para ganar convincentemente.
Será interesante ver cómo responde a esta derrota, cuando cayó con Mayweather, no era considerado el principal exponente del boxeo a nivel mundial. El sábado quedó expuesto y seguramente serán millones los que seguirá cobrando, pero si quiere evitar ser más recordado por el dinero que por su capacidad en el ring, tendrá que aprender de la lección a manos del nacido en Kirguistán.