Estandarte
Ya he escrito en varias ocasiones acerca del desastre que es el tenis mexicano a nivel federativo. Años y años de abandono por parte de quienes han tenido en sus manos el destino de un deporte tan querido en México, lo han llevado a su peor crisis desde que yo tengo uso ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Ya he escrito en varias ocasiones acerca del desastre que es el tenis mexicano a nivel federativo. Años y años de abandono por parte de quienes han tenido en sus manos el destino de un deporte tan querido en México, lo han llevado a su peor crisis desde que yo tengo uso de razón.
Esa falta de atención de los presidentes de la Federación Mexicana de Tenis, así como de sus colaboradores más cercanos, han llevado al otrora orgulloso tenis nacional, a estar a años luz de las grandes potencias; con nuestras mejores raquetas a nivel masculino muy lejos de siquiera aspirar a estar entre los 100 mejores del ranking de la ATP.
La falta de trabajo del tenis federado es evidente, con muy pocos tenistas que nos permitan albergar una esperanza de mejores días, como los hubo a principios de los 90, cuando se jugaba en el grupo mundial de la Copa Davis, y se tenía regularmente a jugadores varoniles en los mejores torneos del planeta, y ubicado dentro del top 100 en la ATP.
En los años recientes, el único que ha sobresalido en el tenis varonil es Santiago González en los dobles. El oriundo de Córdoba sigue colocado en una excelente posición dentro del ranking, ha ganado varios eventos, y no ha dejado de participar en Masters 1000 ni en los Grand Slams.
A pesar de no haber tenido a una pareja estable en todos estos años de excelente rendimiento, Santi ha logrado mantenerse en la elite mundial. Su regularidad, se debe al profesionalismo que siempre lo ha caracterizado, incluso hoy a los 40 años, le permite jugar a un altísimo nivel; su acondicionamiento físico es magnífico, razón por la que como acaba de suceder en los dos primeros Masters 1000 de la temporada, acumuló muchos partidos y sets, y el rendimiento en la cancha nuca mermó.
Durante alrededor de tres semanas, el veracruzano y su pareja, el francés Édouard Roger-Vasellin, consiguieron varios triunfos de enorme relevancia, en camino a llegar a la semifinal en Indian Wells, que perderían ante la pareja número uno del mundo, conformada por el británico Neal Skupski y el neerlandés Wesley Koolhof. Pero los buenos días en territorio de EU no terminaron ahí, inmediatamente se trasladaron a Miami, en donde se vengaron de Skupski y de Koolhof, en camino a coronarse el sábado pasado, derrotando a Austin Krajicek y a Nicolas Mahut en una final que jugaron a de manera sensacional.
El triunfo significó su título 20 en dobles ATP, y es el de mayor relevancia en su carrera, nunca había ganado un Masters 1000. Además, con la victoria en el sur de Florida, el cordobés regresó al top 20 en la clasificación mundial, amaneciendo el lunes en la posición 19. En un fin de semana de grandes momentos para el deporte mexicano, me parece que ninguno alcanza la importancia de lo realizado por Santi, que remando contracorriente, sigue siendo el estandarte del deporte blanco en nuestro país.