En el olvido
Nos encontramos a unos días del inicio de los Juegos Olímpicos, París se transformará en la capital mundial del deporte. Maás de 10 mil atletas estarán compitiendo por llevarse la gloria personal y, al mismo tiempo, darles a sus respectivas naciones momentos de ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Nos encontramos a unos días del inicio de los Juegos Olímpicos, París se transformará en la capital mundial del deporte. Maás de 10 mil atletas estarán compitiendo por llevarse la gloria personal y, al mismo tiempo, darles a sus respectivas naciones momentos de alegría. Varias delegaciones irán a Francia con la ilusión de tener históricas participaciones en la justa veraniega, en la búsqueda por la hegemonía deportiva. Esos países les han dado a sus atletas todas las herramientas necesarias para poder competir al más alto nivel, y así poder derrotar a lo mejor que el planeta puede ofrecer a nivel deportivo.
Para todas esas naciones es muy importante poder enseñarle al resto del mundo su nivel atlético, es parte de una demostración de fuerza que, sin llegar a ser tan importante como el aspecto político o militar, sí es un complemento perfecto para mostrar su poderío como nación. Esos países ven el aspecto deportivo como algo esencial en su desarrollo, no lo dejan como algo menor, le invierten dinero, tiempo, y esfuerzo a tener deportistas de élite, para seguir con la idea de los antiguos griegos, una de las civilizaciones de mayor relevancia de nuestra historia, de que una mente sana debe convivir con un cuerpo sano.
Desafortunadamente, en nuestro país eso no se pone en práctica, tal y como lo escribí en esta columna el pasado 10 de abril. Quienes aspiraron a la Presidencia de la República nunca mostraron mucho interés en el deporte, y en sus campañas casi no hicieron mención del tema. Lo deportivo siempre ha sido relegado, y esa política de Estado ha traído como repercusión la poca generación de atletas de élite, y el que la Comisión de Cultura Física y Deporte en la mayoría de las ocasiones ha quedado en manos de personas con intereses personales que saciar, y con poco interés en promover el deporte masivo y de apoyar a los deportistas de alto rendimiento. Como resultado, México ha generado muy pocos medallistas olímpicos, y la expectativa para París 2024 es la de siempre: lograr un puñado de preseas.
Es increíble que un país con más de 130 millones de habitantes sólo tendrá 109 atletas participando, y la mayoría sin posibilidades de estar cerca de un podio. Es de enorme mérito que tengamos a algunas mujeres y hombres que aspiran a ser medallistas, a pesar de lo complicado que es dedicarse a ser atleta en nuestro país. Platicando con Bernardo de la Garza, que al frente de la Conade en 2012 encabezó la mejor participación mexicana en unos Juegos Olímpicos fuera de nuestras fronteras y que será el jefe de Misión en París, nos decía en Palabra del Deporte que para aspirar a alrededor de 7 a 9 medallas, la delegación nacional necesita tener al menos a 27 finalistas, un panorama complicado.
El olvido en el que siempre ha estado el deporte en el país trae como consecuencia esas pobres aspiraciones, y seguramente un resultado que, aunque pudiera superar los tristes papeles de Rio 2016 y Tokio 2020 seguirá siendo uno muy pobre.