Antes y después
La historia llegó a su fin, el cuento de hadas terminó, la reina se ha ido. Tras una brillante carrera de más de dos décadas, la gran Serena Williams colgará la raqueta y dará un paso al costado, no para retirarse, más bien, como ella misma lo declaró, para ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
La historia llegó a su fin, el cuento de hadas terminó, la reina se ha ido. Tras una brillante carrera de más de dos décadas, la gran Serena Williams colgará la raqueta y dará un paso al costado, no para retirarse, más bien, como ella misma lo declaró, para seguir con su evolución personal y continuar con la siguiente etapa de una vida, que pasó de las peligrosas calles de Compton, a las brillantes luces de los escenarios de mayor importancia en el deporte blanco.
La maravillosa tenista estadunidense se convirtió en el máximo referente de su disciplina, con base en su capacidad atlética, golpeo espectacular de la pelota, una mentalidad ganadora como pocas, competitividad a tope, una fortaleza física por encima del resto y un carisma muy especial. Una combinación perfecta para lograr una carrera exitosa, aunque es cierto que posiblemente ni ella soñó en que todo lo que ha logrado sería posible ni el más optimista podría haber imaginado que cuando vio a esa pequeña, entrenada por sus padres y de la mano de su hermana Venus, se convertiría en la tenista con mayores triunfos en la historia del tenis moderno.
De gran promesa se convirtió en una realidad, mientras la mayor de las Williams le arrebataba el número uno del mundo a Martina Hingis, la menor desarrollaba su juego, para unos años después dar el salto al máximo escalafón de su deporte.
Las grandes victorias comenzaron a acumularse, y ella se iba convirtiendo el rostro no sólo del tenis femenil, también del deporte en general; no tardó mucho en que su imagen era la de la atleta triunfadora y exitosa. También fue imponiendo un nuevo estilo de presentarse a jugar, no sólo una gran jugadora, también era un ícono de la moda.
En su currículo no falta ninguno de los trofeos importantes. Ganó por lo menos tres veces cada uno de los Grand Slams, para sumar 23, además de haber obtenido todos esos torneos jugando dobles; sin olvidar las medallas de oro olímpicas; tampoco hay que dejar de lado que tuvo más de 300 semanas al frente de la clasificación de la WTA, incluyendo el récord compartido de 186 consecutivas.
Pero a todos los logros en las canchas, se deben agregar los eventos fuera de ellas, al asumir su rol como ejemplo para tantas personas que la ven como su ídolo, como vocera de las minorías, como mujer fuerte y dispuesta a no permitir que su género dictaminara su lugar en la sociedad. Y cuando decidió dar paso a un costado para ser madre, dejando los reflectores, también enseño el camino, para luego regresar a jugar.
Su legado es el de una de las atletas más sobresalientes, en la opinión de muchos la mejor tenista de la historia, posiblemente la que ha dominado con mayor contundencia el deporte blanco. Se le va a extrañar. El tenis tiene un antes y un después de la gran Serena, y sin ella nada será igual.