Tupolev bajo el agua
En prodigioso acontecimiento y en lenta metamorfosis de varias décadas, la anfibia rana se convirtió en mariposa. Por cuestiones de hidráulica, son los dos estilos que ofrecen mayor resistencia. El primero, porque el nadador está obligado a extender lateralmente las ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
En prodigioso acontecimiento y en lenta metamorfosis de varias décadas, la anfibia rana se convirtió en mariposa. Por cuestiones de hidráulica, son los dos estilos que ofrecen mayor resistencia. El primero, porque el nadador está obligado a extender lateralmente las piernas con el fin de impulsarse con las plantas de los pies y, el segundo, porque la energía de la patada —¡la mariposa, farfalla o butterfly, ondula como delfín!— cumple una función estabilizadora más que propulsora; cuando la cabeza y los brazos van por encima de la superficie, el peso del cuerpo que no recibe el empuje arquimedesiano del agua hacia arriba se trasmite a la parte sumergida; se produce la mayor resistencia.
La rana, pecho o braza —el primitivo perrito que se empleaba en Europa en tiempos de Lutero y de Montaigne, a quienes se debe el renacimiento de la natación que había perdido popularidad en la Edad Media por el miedo a las epidemias—, es el estilo más lento y la mariposa, aun cuando sea practicada por los jóvenes más poderosos, nunca será más rápida que el crawl. Por aquella razón física, científica, la mariposa en rapidez siempre irá a la zaga del crawl que, como ya hemos expresado desde hace muchos años en este espacio, no es el nado libre. El verbo inglés To crawl significa arrastrar.
En 1875, el capitán inglés Matthew Webb empleó el estilo de rana para cruzar el Canal de la Mancha. Era el que imperaba en Europa. El 22 de abril de 1844, el Times de Londres informó que el pechista inglés Kenworthy venció, en una prueba de 43 yardas, a dos indios norteamericanos, Flying Gull Y Tobacco, que golpeaban violentamente el agua con sus brazos como si fuesen palas de molino, en lo que era una versión neanderthalina del crawl.
Los japoneses le dieron un fuerte impulso en la década de los 20 y 30. En aquella época había algunos competidores que empezaron a lanzar los brazos por encima de la superficie. En 1952, en los JO de Helsinki, el australiano John Davies ganó el oro en los 200 m de braza con braceo de mariposa y patada de pecho. Un año más tarde, la FINA distinguió dos estilos y los separó porque claramente la mariposa era mucho más rápida que la rana.
La experiencia, el conocimiento de la técnica, la sensibilidad en el arte de entrenar, la ciencia, la tecnología disparan el proceso evolutivo en la natación y otros deportes.
Cada vez que hay un Campeonato Mundial de curso corto, en pileta de 25 m, como el que acaba de concluir este domingo en Hangzhou, China, resulta irresistible observar los avances asombrosos de los nadadores. Se produce la más alta rapidez acuática por el mayor número de vueltas en las paredes y el nado bajo el agua de casi 15 m en la salida y en cada toque, excepto el último.
El abanico de hechos notables es amplísimo: la victoria de Chad Le Clos sobre Caeleb Dressel en 100 de mariposa, el RM del japonés Daiya Seto en 1.48.24 en 200 m, al superar a Le Clos, los triunfos de Cameron van der Burgh y su adiós en braza; el triunfo y RM de Brasil en el 4x200; los cuatro oros de la húngara Katinka Hosszú, el doblete de la australiana Ariarne Titmus, 18 años, en 200 y 400 m libre. Tomo un registro significativo: el 2:00.16 del ruso Kiril Prigoda en 200 m estilo de pecho, más rápido que Mark Spitz en los 200 de mariposa (2.00.70) en los JO de Múnich de 1972. John Hencken, en Múnich, triunfó en los 200 pecho en 2:21.55 que fue RM. Prigoda es un Tupolev bajo el agua.
En Hangzhou, 37 pechistas, de 73 que finalizaron, cronometraron menos del minuto en los 100 m, ¡no es asombroso? ¿Y los límites?