Retazos
La inteligencia y curiosidad infantil de los griegos de la antigüedad por descubrir las maravillas y los enigmas que el mundo, la naturaleza y el Universo les ofrecían, así como la conducta humana, crearon, para explicarlos, hermosas leyendas, mitos y tragedias. Uno de ...
La inteligencia y curiosidad infantil de los griegos de la antigüedad por descubrir las maravillas y los enigmas que el mundo, la naturaleza y el Universo les ofrecían, así como la conducta humana, crearon, para explicarlos, hermosas leyendas, mitos y tragedias. Uno de los mitos conocidos es el del salteador Procusto, conocido también como Damastes; vivía entre Mégara y Atenas. Colocaba a sus víctimas en una cama; a los altos que excedían del tamaño de la cama les cortaba los pies y a los más pequeños los estiraba y descuartizaba. Teseo —el hilo de Ariadna (como las novias de rancho), el Minotauro, velas blancas, velas negras, parricida; el que instituyó en Corinto los Juegos istmicos en honor de Poseidón— lo mató. La acción ha pasado con el tiempo como un ejemplo del doble criterio que con frecuencia presenciamos en los humanos. Acaso si tuviésemos un poco de conocimiento de la ciencia podríamos interpretar mejor algunos acontecimientos y los comunicadores transmitir con mayor precisión el deporte, tan apasionante como nunca jamás se haya visto en la sociedad contemporánea, una sociedad que se divierte más con el espectáculo que con los valores de lucha que también descubrieron los helenos. Sólo hay que pulsar el doble rasero con el que Occidente percibe y mide las acciones bélicas y sanciones deportivas contra Rusia y la concesión de 007 a Israel y presencia abierta a sus atletas en los JO. El analfabetismo científico y el ADN procustiano crean absurdos, distorsiona, atropellan. El espectáculo contradice el propósito. Alrededor de él fomenta el sedentarismo y los malos hábitos alimentarios en millones de espectadores que presencian los partidos del Super Bowl, el Mundial de Futbol, los Juegos Olímpicos como el más grande escaparate. Pierden objetividad la muchedumbre y algunos medios de comunicación cuando, por otro apasionante fenómeno social que arrastra hacia el culto al héroe, se afirma que Patrick Mahomes, que dirige el ovoide con precisión sideral, es superior a Josh Allen. ¿Y el valor de sus linieros, sus receptores, sus corredores y la oncena defensiva en la que no participa son un mero adorno de Kansas City? El italiano Jannik Sinner derrota al alemán Alexander Zverev y revalida el título del Major de Australia celebrado en Melbourne, en la mítica Rod Laver Arena. En marzo de 2024 dio dos veces positivo por Clostebol, un esteroide derivado de la testosterona que potencia el rendimiento físico. En agosto, la International Tennis Integrity Agency lo perdonó. A la pertiguista Yelena Isinbáyeva, modelo inspirador de lucha y fair play, sólo por ser de nacionalidad rusa se le impide que intente el tercer oro en los JO de Río de Janeiro 2016. Bordeamos en lo hipotético. Tal vez se pudo salvar una vida si el TAS no hubiese cerrado ojos y razón a la ciencia —fue abrumadora la exposición de argumentos de los científicos de la U. de Colonia— en la estólida decisión que incendió la vanidad del sudafricano Oscar Pistorius, al que permitió competir en JO con cuchillas de fibra de carbono que le concedían enorme ventaja en la pista atlética.
