Resucita como ave fénix
Con frecuencia se observa cómo en el deporte un atleta o un colectivo, tras gastar en exceso las reservas de energía vital, cae en barrena, se sumerge en las profundidades del slump que lo obliga a una lucha dramática por regresar a la superficie. Este proceso que ha ...
Con frecuencia se observa cómo en el deporte un atleta o un colectivo, tras gastar en exceso las reservas de energía vital, cae en barrena, se sumerge en las profundidades del slump que lo obliga a una lucha dramática por regresar a la superficie. Este proceso que ha arrastrado durante un año se presenció en función a los resultados en el juego del monarca mundial Ding Liren. De ser un portento en el ajedrez, de haber establecido un récord mundial de 100 partidas imbatible en la élite, de conquistar el oro olímpico y la corona mundial, se hundió a las regiones abisales. La victoria titular sobre el ruso Ian Nepomniachtchi le produjo un shock emocional que le impedía dormir. La depresión empezó a devorarlo; su juego se tiñó de opacidad. De las últimas 49 partidas ganó 3, perdió 10 y empató 36. Del segundo sitio en la clasificación mundial se despeñó a la posición 23, mientras su joven desafiante en ascenso meteórico ocupa el 5º lugar. Algunos maestros como Magnus Carlsen expresaron que Ding no volvería a ser el mismo. Entró en picada, descendió en tirabuzón con el sonido ululante, desgarrador, que se escuchaba en los aviones heridos de metralla en las películas de la II Guerra Mundial. Llegó a Singapur, a la defensa de la corona, con los pronósticos en contra. Pero ayer al enfrentarse en el primer juego al prodigioso indio Dommaraju Gukesh, 18 años, como ave fénix, resurgió de sus cenizas. Aún en los primeros minutos proyectaba tribulación. Reflejaba incertidumbre, parecía perdido en el laberinto combinatorio. Se llevaba las manos al rostro y de pronto algo inusitado: apenas en el séptimo movimiento el tiempo de su reloj corrió velozmente, inquietante; tardó casi media hora en decidir su jugada. 7. … a5. El lance, impregnado de los módulos de cálculo, se apartó de la teoría; poco a poco se descubrió que era como la chispa que encendió la armonía de las piezas y comunicó a su juego riqueza estratégica en el juego posicional. El peón avanzó a a3, creó una cabeza de playa en b2 en el que colocó un caballo con su mayor fuerza potencial táctica. La apertura francesa en el primer juego titular por asociación de ideas evocó el principio del match Capablanca vs. Alekhine en Buenos Aires, 1927. Perdió el cubano y nunca más en las 33 partidas restantes se atrevió a jugar 1. P4R o e4. Una decisión de esta naturaleza, en la época revolucionaria que vive el milenario juego, no va a suceder. Gukesh intentó una ofensiva en flanco de rey con 10.g4, pero no floreció ante el dinamismo de las piezas negras que en la jugada 24 habían internado cuatro piezas en territorio de las blancas en su obra magistral. La diferencia del primer juego se debe, acaso, en la hermosa y apasionante lucha multifacética en el fino olfato creativo para valorar la posición y comprender e interpretar las leyes y principios que no están formulados en ningún libro de ajedrez. El juego es infinito, inasible. Cuánto respeto y admiración en los hombres que se sobreponen a la adversidad.
