Recuerdos
Mis más sentidas condolencias para Pablo Carrillo por la sensible desaparición de su mamá, Enriqueta Lavat, una de las más grandes artistas de la Época de Oro del cine mexicano. Con el deseo para Carrillo y sus familiares, compañero de Excélsior, distinguido ...
Mis más sentidas condolencias para Pablo Carrillo por la sensible desaparición de su mamá, Enriqueta Lavat, una de las más grandes artistas de la Época de Oro del cine mexicano. Con el deseo para Carrillo —y sus familiares—, compañero de Excélsior, distinguido comentarista deportivo de Imagen Televisión, llegue a una pronta resignación y conserve todos los días los más hermosos y felices recuerdos que vivió con su mamá. A principios de esta semana falleció Alejandro Ortega San Vicente, uno de los pilares del México Olímpico del 68. Brotan en tropel los recuerdos de su persona y de varios personajes notables en conjunción con aquel entorno tan extraordinario en lo político, lo deportivo, lo social, los avances tecnológicos, que vivió el pueblo de México al ser elegido en Baden Baden, Alemania, en 1963, sede de los Juegos de la XIX Olimpiada, así como aquella explosión de hazañas de las más grandes luminarias que alcanzaron la cumbre de la época, y algunos aún volaron más alto con sus aceradas alas de águila. Ortega San Vicente, inteligente, cultivado, enérgico, firme y amable en las relaciones humanas, fue el secretario general del Comité Organizador de los JO, el brazo fuerte del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, quienes, con su visión y dinamismo, proyectaron y construyeron el éxito del México 68, desvaneciendo con su esfuerzo, enorme capacidad y servicio a la sociedad y al deporte, las opiniones y animadversiones generadas en algunas partes de Europa. Era la segunda ocasión que los JO salían del Viejo Continente y se manifestaba desconfianza, tanto en la capacidad organizativa como en los efectos de la altura que podrían dañar, incluso con consecuencias fatales, a los competidores. La atmósfera que se respiraba en el país era otra, radiante. México se había incorporado a la inercia de alegría, entusiasmo y rebeldía de la juventud que se produjo tras el fin de la II Guerra Mundial. La presencia de Adolfo López Mateos en la Presidencia fue algo así como levadura espiritual para el pueblo que se sentía orgulloso de ser mexicano. Líderes de AL. Su respaldo a los JO fue decisivo, como lo fue la amistad e influencia del general José de Jesús Clark Flores, vicepresidente del COI, con el estadunidense Avery Brundage, titular del COI, para que México alcanzara la sede. Hay una versión-anécdota que circuló a mediados de los 60. De recia e intimidante autoridad, Clark Flores, con todo el poder del deporte, fue titular del COM y de la Codeme, se chanceó con Díaz Ordaz en un recorrido por las instalaciones. Al bajar la comitiva de un autobús, Clark Flores le dijo a Díaz Ordaz: “¡Apúrese, viejo feo”. Tiempo después, tocó al licenciado Ortega San Vicente enfrentar a Clark Flores en las oficinas de la Codeme, entonces en Plaza de la República 43, entregarle un documento para que firmase, ipso facto, la renuncia. Eran otros tiempos. El legado que edificaron aquellos personajes del movimiento olímpico del 68 no supieron fortalecerlo y hacerlo progresar al posterior entorno social, político, deportivo. De un enfoque agonal cambió a uno light, demasiado ligth.>
