Rapidez y múltiplos

Al evocar la fascinante relación del hombre con los múltiplos del 10 y el sistema sexagesimal que empleamos en el tiempo, los 60 segundos que componen un minuto, los 360° del círculo o los 180° de los triángulos, y hacer una relación de manera fugaz con el deporte, ...

Al evocar la fascinante relación del hombre con los múltiplos del 10 y el sistema sexagesimal que empleamos en el tiempo, los 60 segundos que componen un minuto, los 360° del círculo o los 180° de los triángulos, y hacer una relación de manera fugaz con el deporte, no puedo dejar de citar la coincidencia de los discos de la Luna y el Sol en el eclipse solar: el diámetro del Sol es 400 veces mayor que el de la Luna y ésta está 400 veces más cerca de la Tierra; algún día, como la Luna se aleja cuatro cm al año de nuestro planeta, no podrá cubrir el Sol. El 1/40,000,000 (de Eratóstenes), el metro, que establecieron los franceses como unidad de longitud al medir la circunferencia del planeta. El 10 como perfección en las calificaciones.

El 10 de Pelé. Otro acontecimiento extraordinario es que la armonía de la música se produce con las razones de los números enteros; las discusiones baladíes del principio de siglo que si en el cero o en el uno como desconocimiento para medir tiempo, longitud… La ruptura del minuto en los 100 m nado libre de Johnny Weissmuller, los 10” de Armin Hary en el hectómetro liso, ¡ay! el cm inclinado… Desde los albores del 60, cuando Don Schollander, que igualó en Tokio los cuatro oros de Weissmuller en París 24, y el 27 de julio de 1963 rompió los dos minutos en los 200 m nado libre, 1’58”8 en el duelo interoceánico con el japonés Tsuyoshi Yamanaka (2’00”4), acontecimiento que se seguía con gran interés en México y en el mundo, se barruntó de inmediato la perspectiva del derrumbe de los muros de 4, 8 y 15 minutos en los 400, 800 y 1500 m como ocurrió. Poco después, la mira se puso en otro múltiple de 10, los 50” en los 100 m, hazaña que logró Tim Montgomery en Montreal 76, con 49”99.

El proceso evolutivo vertiginoso de la natación asombra. El 2’00”70 de Mark Spitz, ganador de 7 oros en Múnich, no le habría permitido entrar a la final de Sidney 2000. Y el crono de Felipe El Tibio Muñoz, que emocionó al país como ningún otro episodio, le habría sido insuficiente para ingresar en la final de Múnich. Claro, se relaciona que el estilo de braza es el que ofrece mayor resistencia al agua y los 2,240 m snm de la CDMX.

Y como observó Arturo Damm, notable exnadador del CAP, economista, pensador, maestro universitario, con su crono de oro, El Tibio no habría podido nadar la final de mujeres; Damm se refiere a la de los JO de Sidney 2000. Sistemas de entrenamiento, técnica, tecnología, diseño de carriles antiturbulentos, gogles, han contribuido en el progreso. En marzo de 1991, la FINA reconoció los RM en curso corto, en pileta de 25 m.

Estos tiempos, en los que el empuje de piernas en el viraje incrementa la rapidez, han servido de referencia para anticipar lo que puede ocurrir. En octubre, dos sucesos pasmosos, Kate Douglas, EU, rompió el muro de los 50 en 100 m en 49”93, y Mollie Callaghan, Australia, explotó la muralla del 1’50 en 1’49”77 y luego 1’49”36 en los 200 m, curso corto, lo que permite presagiar con mayor certeza la ruptura de estos RM en un breve periodo de tiempo.

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