Placer de dominio
El entorno actual universal con la presencia del chino Ding Liren y del desafiante Dommaraju Gukesh proyectan un Campeonato Mundial de ajedrez que lo hacen uno de los mejores de la historia con la construcción de un puente hacia la modernidad de una etapa extraordinaria ...
El entorno actual universal con la presencia del chino Ding Liren y del desafiante Dommaraju Gukesh proyectan un Campeonato Mundial de ajedrez que lo hacen uno de los mejores de la historia con la construcción de un puente hacia la modernidad de una etapa extraordinaria marcada como plataforma de despegue en el siglo XXI. D. Gukesh, de 18 años, es el ajedrecista más precoz de la historia en ganar el complejo Torneo de Candidatos. Su victoria en abril de este año en Toronto asombra y es de un orden superior en edad y, naturalmente, en clase a lo que hicieron algunas de las figuras más emblemáticas, citemos a Mikhail Tahl, El Genio de Riga; a Bobby Fischer, a Garry Kaspárov y al noruego Magnus Carlsen. Gukesh está un peldaño adelante. Ocupar el primer lugar en un TdC es de un alto grado de dificultad agonal. En casi 75 años de historia del TdeC sólo dos grandes maestros han logrado una doble victoria: el legendario séptimo monarca Vasily Smyslov en Zúrich 53 y Ámsterdam 56, y su compatriota Ian Nepómniachtchi, en Ekaterimburgo, Rusia, 1921, y Madrid 1923. Los nuevos sistemas de preparación con el auxilio de poderosos motores de cálculo combinatorio, la tecnología, han modificado la evolución del ajedrez, como ha ocurrido en otros deportes y actividades. Entre el australiano Rod Laver, el sueco Björn Borg y el suizo Roger Federer hay marcadas diferencias en la evolución del tenis, acaso desde la potencia en el servicio con los nuevos astros, el italiano Jannik Sinner y el español Carlos Alcaraz. La realidad, o lo más próximo a un enfoque objetivo e independientemente de la percepción que se produce con los cambios generacionales, podemos afirmar categóricamente que la generación de 1924 vivió deslumbrada con la mejor natación de la historia con Johnny Weissmüller o la del 64 con Don Schollander o de principios de siglo con Michael Phelps. Comparativo semejante se puede con Abebe Bikila y los kenianos Eliud Kipchoge o el infortunado Kevin Kiptum en maratón. En 1924, como en 2024, cada generación puede afirmar que ha vivido lo mejor de todos los tiempos. En otras esferas sociales, lo peor. En la galería de los ilustres, cada campeón es suma de tiempo, experiencia, técnica, preparación. El sólo entorno no arroja frutos automáticamente. Peter Svídler, ocho veces campeón nacional de Rusia, observó y subrayó algo de la naturaleza agonal que desde hace años he señalado: en el reino animal todos atacan. Ataca el tigre, el león, el águila, la serpiente, la paloma, la orca, la abeja; pero muy pocos saben defenderse. Indica Svídler que los motores de cálculo han revelado un punto vulnerable en el hombre: no sabe defenderse. Su capacidad defensiva es de un orden menor a su ataque. El ajedrez infinito e inasible es inagotable en jugadas defensivas. El hombre detecta más las jugadas ofensivas que las que conducen a una defensa correcta. Conducta y toma de decisiones que entran en el campo de la psicología y en el placer cruel dominante que se produce en la lucha directa, sin simbolismos.
