Osmar, estirpe china
Que Osmar Olvera rivalice y esté casi a la altura de la excelencia de los maestros chinos Xie Siyi y Wang Zongyuan en el arte efímero de los clavados lo coloca en la galería de las grandes figuras del olimpo de todos los tiempos y deportes. Cuánta emoción proyectaron ...
Que Osmar Olvera rivalice y esté casi a la altura de la excelencia de los maestros chinos Xie Siyi y Wang Zongyuan en el arte efímero de los clavados lo coloca en la galería de las grandes figuras del olimpo de todos los tiempos y deportes. Cuánta emoción proyectaron sus piruetas en la conjunción del efecto estético con la identidad nacional. Un metal de bronce que significan ocho años de la constancia de la gota de agua; repetición tras repetición, hasta comunicar al alma una chispa obsesiva de superación y al cuerpo el sentido de la armonía, de la rapidez felina y la relación con el espacio y el instante exacto para extenderse y zambullirse en una línea vertical. Concentración, explosión muscular, técnica, arte. Y lo más difícil, a diferencia de otras actividades, la valoración no depende de la voluntad del clavadista ni del esfuerzo, sino de la interpretación de los jueces bajo un procedimiento único, imperfecto, deficiente y obligadamente necesario: el ejercicio visual, cultural, técnico, político, social, para transformar el concepto de belleza en número. En la esfera de lo imposible. Osmar presentó una tabla cuya suma (21.9) en el grado de dificultad es superior al de Siyi (21.3) y a Zongyuan ( 21.7), que había ganado el oro en la plataforma. Coincidió en cuatro saltos y en uno que marcó fracción de puntos fue el 109 c, es decir, las cuatro vueltas y media al frente en los que, en orden jerárquico, recibieron un total de 100.70 puntos, 102.60 y 98.80. La letra c significa que debe hacer ovillo su cuerpo para desarrollar mayor rapidez. A Osmar lo dirige la china Ma Jin, que ha hecho un espléndido trabajo en México. Es la quinta presea que México gana en París. Capilla y Osmar son los únicos que han logrado dos medallas en la pileta. Los JO invitan a la reflexión, a saber pulsar el valor del esfuerzo lúdico agonal, lo cual no es sencillo en un país con tanta violencia, pobreza, ignorancia, simulación. Disculpen por la siguiente línea: hace varias décadas el diario Excélsior se distinguía como uno de los mejores 20 del mundo; pero este criterio, al igual que otros medios de comunicación, no se aplicaba por igual con los atletas que ocupaban un décimo lugar. Cuántas ideas falsas, distorsionadas, hipótesis se han tejido durante más de medio siglo en el intento de explicar los resultados y confundir el sentido del deporte-competencia y la educación física. Los resultados son el reflejo de la sociedad toda, sin excluir la influencia de los medios que hoy hiperbolizan —y qué bueno que se festeje con la manifestación de intenso entusiasmo y alegría que expresó Noah Lyles antes de su tercer lugar en 200 m lisos. Viene a la mente la divertida reverencia que hicieron Simone Biles y Jordan Chiles a la brasileña Rebeca Andrade; después de todo, los Juegos tienen mucha esencia de juego —y dentro de una semana, con excepción de unos cuantos medios, los atletas olímpicos serán, como cada cuatro años, los olvidados de siempre. Es necesario cambiar ideas y lenguaje, orientar la pasión. México, lejos del baremo del 68. En las próximas horas, Marco Verde y Eliud Kipchoge en citas difíciles.
