Los ojos, a Berlín
Eliud Kipchoge tiene una cita con el destino el próximo domingo 24. Mientras los aficionados al atletismo aún navegan en la coruscante estela del Campeonato Mundial de Budapest, sus ojos se dirigen ahora a la simbólica puerta de Brandenburgo, que proyecta una atmósfera ...
Eliud Kipchoge tiene una cita con el destino el próximo domingo 24. Mientras los aficionados al atletismo aún navegan en la coruscante estela del Campeonato Mundial de Budapest, sus ojos se dirigen ahora a la simbólica puerta de Brandenburgo, que proyecta una atmósfera helénica de paz y guerra, y de la música de Juan Sebastian Bach, pero que en los últimos años se le identifica por el paso victorioso de los más notables maratonistas que han destrozado en nueve ocasiones el RM de los 42,195 m, desde que en 1998 lo hiciera por vez primera el brasileño Ronaldo da Costa en 2:06’05”. Acaso como nunca Berlín se transforma en la más grande atracción de su historia con el duelo entre el keniano, de 38 años, Eliud Kipchoge, bicampeón olímpico en Río de Janeiro y Tokio 2020-21, poseedor del RM en 2:01.09, contra la revelación fantástica de su compatriota Kelvin Kiptum, de rostro aventajado, pero de sólo 23 años, que el 23 de abril se colocó a tan sólo 16 segundos de la marca de Eliud, al cronometrar en Londres 2:01.25, la segunda mejor marca mundial de todos los tiempos. Algo de lo más sorprendente de Kiptum es que apenas es el segundo maratón que corre y lo hace en circunstancias asombrosas: corrió la segunda mitad del maratón en parciales negativos en 59’47; en la primera cronometró 1:01.38. Y algo explosivo, es un atleta capaz de comunicar repentinamente cambios de ritmo que lo pueden hacer correr los últimos kilómetros al llameante ritmo de 2’43”.
Eliud entrena en el Valle del Rift con el prestigioso técnico Patrick Kipsang, quien, además, dirige la carrera de Faith Kipyegon, reciente triunfadora de los 1,500 y los 5,000 m lisos en Budapest. Kipsang posee la suma de experiencia y conocimientos del fartlek enfocado al semifondo, fondo y maratón. Kiptum se entrena en solitario en la región de Eldoret, en plena línea ecuatorial del Valle del Rift, a unos 2,100 m de altura sobre el nivel del mar. El éxito de los atletas kenianos se debe no sólo a lo delgado de sus cuerpos, sino a la práctica en la altura, que les permite elevar sus glóbulos rojos, eritrocitos o hematíes, transportadores del oxígeno en la sangre. Al conocimiento de una veintena de variaciones de fartlek, juego de velocidad, a la dosificación de las cargas de trabajo, por arriba de los 200 kilómetros semanales, y a las series y descansos diseñados para alcanzar el máximo rendimiento en una fecha determinada.
Ni antes ni después. Se suma la tecnología. La mayoría emplea zapatillas de lo más ligero, apenas unos 227 gramos y diseño geométrico del tacón y además con una lengüeta interna que ayuda a que el empuje del pie, conforme a la tercera ley de Newton, a toda fuerza de acción una de reacción de igual magnitud y dirección y de sentido contrario comunique el rebote con la más eficaz energía. Punto de interés es pulsar el estado de forma de Kipchoge, quien ha extendido de manera admirable el umbral de longevidad en maratón, con miras a la perspectiva del tercer oro. Y valorar la aparición repentina e inesperada de un atleta con espíritu de emulación, de la clase de Kiptum.
